 Madrid.
MDO
En 2005, Metrorock se hizo mayor. Este festival, celebrado por
primera vez en el Parque Juan Carlos I, se convirtió
en un éxito de público, con 35.000 asistentes, gracias a las
actuaciones de artistas internacionales como Beck, Morcheeba
y Ocean Colour Scene. Los grupos nacionales estuvieron representados,
entre otros, por Siniestro Total, Def Con Dos, Los Delinqüentes
y Bebe. Los jóvenes disfrutaron del recinto de 50.000 metros
cuadrados con el que Metrorock pretende situarse como un referente
entre los grandes festivales del país.
"Hace calor, pero yo no me muevo de aquí hasta
que no salga Amparanoia", decía una joven mientras esperaba
el concierto de este grupo. Las altas temperaturas fueron una
tónica general del festival, que se celebró en el Parque Ferial
Juan Carlos I. El recinto contó con 50.000 metros cuadrados
de zonas verdes, en las que cabían los dos escenarios -Metrorock
y Verde-, puestos de comida y bebida, servicios, carpas promocionales
y un recinto -GOA- dedicado a la música electrónica para aguantar
hasta altas horas de la madrugada. El festival había
crecido y dejó de ser gratuito, como en las anteriores
ediciones. Sin embargo, quienes presentaban el abono de transportes
en la taquilla podían acceder al recinto durante los dos días
por sólo 33 euros y ello sin duda atrajo a mucha gente ante
la importancia del cartel.
Por
primera vez, a este escenario madrileño se subieron artistas
internacionales como Ocean Colour Scene, Beck y Morcheeba, que
atrajeron a los más de 35.000 espectadores con los que Metrorock
superaba los 26.000 conseguidos en la pasada edición. En total,
los asistentes pudieron disfrutar de 33 grupos y 9 pinchadiscos.
Los responsables de Metrorock, Roberto Azorín y Ramón Martín,
destacaron su satisfacción por la respuesta del público y por
la falta general de incidentes. Según Roberto Azorín, uno de
los grandes retos de la edición 2005, el cambio de desplazamiento,
se saldó con éxito, en vista de la afluencia y de la
satisfacción de músicos y medios.
Metrorock no se olvidó de que sus orígenes
están en el propio Metro. Por eso, convocaron a los asistentes
a que llegaran hasta sus instalaciones en este medio de transporte.
Desde primera hora de la tarde del viernes, las bocas de Metro
de Campo de las Naciones (Línea 8) y Canillejas (Línea 5) vieron
fluir un gran número de jóvenes con aspecto de "festivaleros".
"Creo que por aquí han pasado casi todos los que van a los conciertos,
desde el medio día han salido por esta parada", señalaba Rosa,
que trabaja en la estación de Campo de las Naciones.
Cambio
de planes
La música comenzó a sonar el viernes a las cuatro de la tarde,
con el concierto de Dhira y mucho calor. Por los escenarios
Verde y Metrorock fueron desfilando también La pulquería, Muchahito,
Frida, Maike Lündenbach o Mando Diao, mientras la gente iba
llegando poco a poco. La anécdota más importante del festival
ocurrió cuando Amparanoia avisó a los organizadores de que llegaba
tarde, y los holandeses Zuco 103 les cambiaron el turno y tocaron
antes. Luego, Amparanoia se disculpó y trató de amenizar el
ocaso de la tarde con sus ritmos mestizos, entre 'reagge' y
'ska'. Cuando acabó la actuación, mucha gente realizó una rápida
peregrinación hacia el otro escenario, el Verde, para ver a
Sidonie. El cambio de uno a otro escenario fue una constante
del Metrorock, ya que los espectadores prefería dar una vuelta
y ver qué ofrecía el escenario opuesto en vez de esperar a que
se preparara el siguiente concierto. Así, mucha gente quedó
conquistada por el "pop psicodélico" de Sidonie, que volvían
a actuar antes de Ocean Colour Scene tras haber sido sus teloneros
durante sus comienzos.
Luego,
Los Delinqüentes trajeron su fusión de flamenco y rock con toques
de rumba. La gente coreó sus canciones y bailó al ritmo de las
palmas y las guitarras flamencas. Sus mejores momentos llegaron
con las canciones más marchosas de su nuevo disco, sobre todo
con "La primavera trompetera". El punto álgido de la actuación
fue cuando Bebe se subió al escenario y cantó "Después" junto
a los gaditanos. Más tarde, la propia Bebe se haría dueña del
escenario con los temas de su disco "Pa fuera telarañas" y algunas
nuevas creaciones que el público acogió, en general, bien. Mientras,
"Somos nubes blancas" de Elefantes sonaba en el otro lado del
recinto, con su pop cargado de connotaciones filosóficas. Y
O'funk'illo comenzó el concierto con el que se cerró el primer
día de Metrorock. Con permiso, por supuesto, de Ocean Colour
Scene, que hacía las delicias de los aficionados a este grupo
británico.
El segundo día del festival comenzó con el acostumbrado
calor y las actuaciones de The Garb y Renochild, aunque el primero
de los conciertos con tirón fue el del cantautor Nacho Vegas,
que realizó un recorrido por sus canciones íntimas mientras
la gente llegaba al recinto. La Habitación Roja, Savia, Sugarless
Planet y The Sunday Drivers también sonaron en los inicios de
la tarde del sábado. A las nueve y media, con el sol despidiéndose
de los conciertos y una temperatura más razonable, La Buena
Vida irrumpió en el escenario Metrorock con su pop suave y su
canciones tranquilas. Todo lo contrario se escuchaba en el otro
lado del parque, donde Def Con Dos protagonizaba la actuación
más dura del festival. Los madrileños hicieron una sabia combinación
de los temas de su nuevo disco, "Recargando", con otros más
antiguos y coreados.
Sin
tiempo para digerir tanta música, otro plato fuerte se cocía
en el escenario Metrorock. Morcheeba iniciaba una de las actuaciones
que atrajo a más aficionados a las instalaciones del Parque
Juan Carlos I. En el otro lado, Josele Santiago ofrecía su estilo
de música tranquilo. Y, para cerrar este escenario Verde, Siniestro
Total hizo sonar algunos de sus temas más antiguos y conocidos
como "Todo por la napia" o "Diga que le debo". De nuevo en el
escenario Metrorock, el norteamericano Beck despidió el festival
con cuchillo y tenedor, integrando en su actuación un banquete
imaginario con una mesa improvisada sobre el escenario. En la
última canción, los componentes de la banda aparecieron vestidos
de blanco, dejando después solo al cantante, que cerró la actuación
a capella y con la pandereta. Y quienes se quedaron con gana
de más, pudieron disfrutar de las últimas tendencias de la música
electrónica en la Carpa Goa instalada frente al lago, donde
los más "fiesteros" aguantaron hasta ver salir de nuevo al sol.
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