Los frescos que Goya pintó en 1798 están como el primer día
La ermita de San Antonio de la Florida recupera su esplendor tras 16 años de restauración

Foto: Juan Luis JaénMadrid. MDO
Tras 16 años de restauración, la ermita de San Antonio y los frescos que Goya pintó volvieron a lucir como cuando fueron realizados en 1798. Alberto Ruiz-Gallardón, presentó el 10 de junio, tres días antes de la festividad del Santo, el resultado de la obra de rehabilitación en la que habían participado el Ayuntamiento, el Ministerio de Cultura, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y Patrimonio Histórico.

La restauración de los frescos y de la propia ermita fue posible gracias al convenio suscrito en 1987 entre Ayuntamiento y Patrimonio Nacional para abordar su rehabilitación urgente tras haberse detectado la presencia de grietas, pérdidas y suciedades. El convenio fue renovado en el año 2002 por otros quince años. “Gracias a este acuerdo en 1989 comenzaron las obras de rehabilitación del propio edificio, uno de los mejores ejemplos del neoclásico en Madrid, para después continuar con la restauración de los frescos en los que Goya representó uno de los milagros de San Antonio de Padua: aquel en que, para demostrar la inocencia de su padre, devuelve la vida a la persona de cuya muerte le acusaban”, explicó en la presentación Alberto Ruiz-Gallardón.

Foto: Juan Luis JaénLos trabajos se realizaron en tres fases y se prolongaron durante 16 años. En este tiempo, el Ayuntamiento de Madrid invirtió más de 1,4 millones de euros en la restauración de 188 metros cuadrados de pinturas y otros 9 en esculturas. En la primera fase, finalizada en 1993, se hicieron las reparaciones del edificio, que incluyeron la restauración de las cubiertas, instalaciones y adaptación de las salas auxiliares y se inició la rehabilitación de las pinturas por las bóvedas bajas y tres de las pechinas. Tras un paréntesis de siete años en los que el museo funcionó con normalidad, se llevó a cabo -de 2001 a 2003- la restauración de la cúpula mediante una plataforma elevadora que se bajaba los fines de semana para permitir contemplar el curso de los trabajos.

La tumba de Goya, cuyos restos reposan en la Ermita desde 1919, impidió utilizar este sistema en la tercera y última fase, acometida en estos dos últimos años, por lo que hubo que instalar un andamio provisional para restaurar el arco del altar, ábside, cuarta pechina y grupo escultórico. Con la conclusión el 15 de abril de este 2005 de estos últimos trabajos se completaba la restauración de todo el conjunto pictórico. Se recuperaron así los colores, las luces y los volúmenes con los que Goya lo concibió.

Foto: Juan Luis Jaén"Con la restauración de estos frescos, el Ayuntamiento de Madrid quiere rescatar la imagen, muchas veces olvidada, de una ciudad que hace más de dos siglos ya ejercía como abanderada de la modernidad", dijo el alcalde. "Ese pasado de Madrid, que queremos proyectar hacia el futuro, es el que podemos descubrir en el interior de esta ermita de San Antonio”, comentó. Junto al alcalde estaban presentes el director del Instituto de Patrimonio Histórico Español, Álvaro Martínez Novillo; el director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Ramón González de Amezúa, y el presidente de Patrimonio Nacional, Yago Pico de Coaña.

Esta ermita es la última de las tres que en el siglo XVIII, Churriguera, Sabatini y Fontana construyeron sucesivamente en los aledaños del paseo de la Florida y a la que en 1926 se sumó una réplica a la que se trasladó el culto. "Siempre ha ocupado un lugar destacado en la vida de la ciudad", afirmaba el alcalde. Los frescos, tanto por su técnica como por su forma de reflejar la realidad, representan, en palabras de Ruiz-Gallardón, "la transición del antiguo al nuevo régimen en lo artístico, lo social y lo político". Pero, además, la ermita de San Antonio de la Florida tiene un valor añadido: su situación en las proximidades del Manzanares, uno de los lugares preferidos por los madrileños para disfrutar de su ocio. "Así queremos que vuelva a ser. Por eso, vamos a prolongar los paseos que, a escasos metros de esta ermita, flanquean el río, liberando sus márgenes del intenso tráfico que soportan y convirtiéndolos en espacios reservados para los ciudadanos”, concluyó.