Madrid. MDO
El Museo Reina Sofía
inauguró en junio una de las mayores muestras antológicas
de Juan Gris (1887-1927) que aglutinaba casi 250 obras entre
pinturas y dibujos. La directora del Reina Sofía, Ana
Martínez de Aguilar, presentó, muy emocionada, "una exposición
estrella, digna de los mejores museos del mundo, en la que hemos
unido esfuerzos anteriores con los de la nueva etapa para así
tener la mejor muestra dedicada hasta ahora a Juan Gris".
El
fruto de los esfuerzos fue efectivamente llamativo: la exhibición
de 250 de las mejores obras, entre dibujos y pinturas, que
el artista madrileño realizó entre 1910 y 1927. Para
realizarla, 130 de las más importantes instituciones del mundo
y de destacadas colecciones privadas habían colaborado
con unos préstamos asegurados por un total de 375 millones
de euros, entre garantía del Estado, póliza general del museo
y seguros propios de los prestadores.
Los
grandes museos internacionales jugaron un papel relevante
en los préstamos ya que habían viajado desde
Nueva York obras del MOMA, el Guggenheim y el Metropolitan.
Además, se habían recibido préstamos de los más importantes
museos de Boston, Filadelfia, Cleveland, Chicago, Baltimore,
Minneapolis y Washington. También destacaban las veinte obras
prestadas por el Centro Pompidou de París. En total la exposición
tuvo un coste de dos millones de euros, parte de los cuales
fueron aportados por Bancaja
y Telefónica (450.000 euros cada una).
Paloma
Esteban, comisaria de la exposición, llevaba cuatro años trabajando
en este proyecto, durante los cuales había podido obtener
préstamos difíciles y traer muchas obras que
se mostraban por primera vez en España. Entre ellas
había conseguido
"El torero" (1913), que perteneció a Ernest Hemingway y que
sólo había sido expuesto en tres ocasiones. Según
la comisaria, la grandeza
de Juan Gris, seudónimo de José Victoriano González, se encontraba
en la dualidad situada entre el raciocinio y la pasión; "su
obra es una pasión razonada, contenida, es un apasionado frío
y en esa tensión está su grandeza".
Recorrido
de la exposición
La Sala 1 del Edificio
Nouvel, que se abría por primera vez al público tras
las obras de ampliación, formaba parte del escenario de esta
exposición, cuyo recorrido,
de carácter eminentemente cronológico, se iniciaba en la Sala
A1 del Edificio Sabatini y hacía especial hincapié
en el período del Cubismo analítico, de 1911 a 1915, en general
menos mostrado dada la dificultad para conseguir las obras
correspondientes al mismo. "En los primeros años de este periodo,
experimentó en composiciones que le diferenciaron de otros
cubistas. Pasa de la técnica de la facetación a la cuadrícula
y posteriormente al juego de planos. Este fue el acercamiento
especial que tuvo al cubismo y que le diferenció de Picasso
y Braque". En este espacio
se mostraban también las obras más coloristas realizadas a
partir de 1913, "original y diferente de los otros cubistas
es su empleo del color", así como las de 1914, en que cultivó
casi exclusivamente el collage, de los que se exhibían
más de veinte.
El
recorrido continuaba con obras cuyas composiciones "tienen
mucho que ver con la proporción perfecta basada en cálculos
aritméticos y geométricos, el interés por la divina proporción",
afirmaba la comisaria quien recordó la preocupación de Juan
Gris, en 1915, porque sus obras fueran claras y "desarrolló
un método deductivo con el que entra en el cubismo sintético".
Mientras Picasso y Braque creaban formas abstractas a partir
del análisis de objetos concretos, Gris siguió el camino opuesto:
comenzar con una composición abstracta para luego adaptarla
a los objetos representados. "Cézanne
convirtió la botella en un cilindro, pero yo parto del cilindro
para crear una entidad individual de un tipo particular: creo
una botella...", afirmaba el artista.
En
el Edificio Nouvel se habían reunido obras fechadas
desde finales de 1919 hasta 1927 que representaban "el retorno
al orden" a través de retratos con predominio de la pureza
de la línea y de la creación y desarrollo de Arlequín y Pierrot.
En 1924, recordó la comisaria, inicia una nueva etapa plástica
en la que recupera el color más cálido e introduce en sus
composiciones un nuevo motivo, la paleta del pintor.
Para
la directora del Reina Sofía, museo donde la exposición permaneció
hasta el 19 de septiembre, Juan Gris representa una parte
de la tradición española que tiene que ver con la tradición
más secreta, la de una pintura luminosa, hermética, geométrica
y reflexiva, que busca la armonía. "Ese misterio que está
en la tradición española del realismo, en la llamada tradición
cristalina".