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Madrid. MDO
En el mes de julio se vivió
en la provincia vecina de Guadalajara uno de los incendios más
dramáticos del pasado verano, en el que murieron los
once integrantes de un retén de agentes forestales. El
incendio de Guadalajara fue provocado por el descuido de un
grupo de excursionistas. Pero detrás de las llamas más
dañinas para la geografía española está,
muchas veces, la mano intencionada de un pirómano. En
el año 2004 en la Comunidad de Madrid se registraron
353 incendios que destruyeron 1.322 hectáreas arboladas.
De todos ellos, el 14 por ciento, es decir 49, fueron intencionados.
Los
incendios provocados siguen siendo habituales en España,
y más aún en la época estival. La intención
está detrás de muchas de las llamas que devoran
los campos madrileños a pesar de que el Gobierno aprobó
un Plan de Prevención de Incendios Forestales y un anteproyecto
de Ley de Montes que prohibe el cambio de uso forestal de los
terrenos forestales incendiados durante al menos treinta años
para "acabar con la especulación y la recalificación". Tampoco
se puede realizar cualquier actividad incompatible con la regeneración
de la cubierta vegetal durante el tiempo que determine la legislación
autonómica. Este plazo de tiempo permite la restauración forestal
y evita las expectativas de recalificación futura de suelos
no urbanizables.
En 2004 en la Comunidad de Madrid,
según datos de la Consejería de Medio Ambiente,
se produjeron 353 incendios, que destruyeron 1.322 hectáreas
arboladas más pastos sin importancia medioambiental.
De los más de trescientos incendios, al menos 49, el
catorce por ciento, fueron intencionados. Según José
A. Gurierrez Montoliú, psiquiatra, el comportamiento
de los pirómanos es muy difícil de controlar.
Se trata de un "trastorno del comportamiento compulsivo,
de la personalidad". El pirómano "no tiene
conciencia de enfermedad por lo que es prácticamente
imposible obtener pruebas contra él". Detrás
de un incendio intencionado "está una patología
misteriosa, de contemplación del fuego, de voyerismo.
Cuanto más grande sea el fuego, más satisfacción
les produce". Por eso los pirómanos se quedan siempre
"cerca de su obra".
Enfermedad
incurable
Además, explicó Gutiérrez Montoliú,
que aunque los pirómanos reciban la terapia adecuada,
no se curan nunca. La patología es similar a la de un
ludópata, un cleptómano o un alcohólico.
Pero con el agravante de que al no tener conciencia de enfermedad,
es como una persona bulímica, oculta sus actos, de los
que es muy difícil obtener pruebas concluyentes. Un pirómano
que ha provocado un incendio muy destructivo en el norte de
España, puede que actúe el poco tiempo en Andalucía
o en Levante. Hay también un componente de "cadena
inductiva", es decir que si un pirómano ve por televisión
las imágenes de un incendio en Portugal, se sentirá
llamado a actuar en su entorno.
Incendio
en Guadalajara
Entre 10.000 y 12.000 hectáreas de pinos, robles, cereales
y pastos y 2.400 hectáreas del parque natural del Alto
Tajo fueron arrasadas por el fuego. La Guardia Civil tomó
declaración a un grupo de nueve excursionistas que, al
parecer, participaron en la barbacoa que produjo el incendio,
el cual causó la muerte de 11 guardas forestales. Uno
de ellos ha declarado que él encendió la barbacoa
y ha exculpado a sus compañeros. Para dar apoyo psicológico
a las familias de los fallecidos, tanto el Ayuntamiento de Madrid
como Cruz Roja, enviaron equipos de piscólogos para atender
a las familias de las víctimas.
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