
Madrid.
MDO
La Infanta Elena, juno a su
esposo, Jaime de Marichalar, inauguraban a principios de julio,
en el museo del Prado, la exposición "El Palacio del Rey Planeta.
Felipe IV y el Buen Retiro". Los duques de Lugo recorrieron
las cinco salas en las que se recreaba por primera vez la disposición
original de las pinturas del Salón de Reinos. La ministra de
Cultura, Carmen Calvo, el director del Museo del Prado, Miguel
Zugaza, y el comisario de la muestra, Andrés Ubeda de los Cobos,
les acompañaron.
La muestra empezaba con la obra de Jusepe Leonardo en la
que se mostraba una panorámica del Palacio del Buen Retiro
que los duques de Lugo vieron detenidamente. El valido de
Felipe IV, el conde duque de Olivares, fue el responsable
de la construcción del Palacio del Buen Retiro, que se llevó
a cabo entre 1633 y 1640. En sólo diez años (1633-1643) el
monarca adquirió 800 obras realizadas por artistas españoles,
italianos y franceses, entre los que se encontraban Velázquez,
Zurbarán, Ribera, Poussin o Lanfranco. La muestra que se exhibía
en el Museo del Prado recogían 62 obras, dividdias
en cinco secciones, para reconstruir la idea de series con
la que fueron realizados los trabajos en el siglo XVII.
Después
de la introducción, en la que además del cuadro de Leonardo
había un retrato de Felipe IV y una gran maqueta del
Palacio del que sólo habían sobrevivido dos partes,
los Duques de Lugo pudieron apreciar los trabajos de Ribera
Domenichino, Poussin o Lanfranco, reunidos bajo el epígrafe
"El Ciclo de la antigua Roma". Los cuadros mostraban las distintas
diversiones públicas romanas, pero también escenas mitológicas,
funerales de los emperadores, sin olvidar las fiestas de baco.
La tercera sala exhibía, de entrada, un gran retrato
ecuestre del conde duque, obra de la maestría de Velázquez
que compartía el espacio con los trabajos de Ribera,
para formar la serie "Furia y bufones". Ahí, la Infanta y
su esposo observaron cuatro de los seis bufones que creó Velázquez,
y, también, las leyendas de Ixión y Ticio, que recreó Ribera
para rememorar los castigos eternos a los que fueron sometidos
los dos, por desobedecer a los dioses.
Felipe IV era el protagonista absoluto de la siguiente sala.
Retratos ecuestres de la familia real, elaborados por Velázquez,
Maíno, Zurbarán o Carducho, y las diez labores de Hércules,
creadas por Zurbarán, captaban la atención del cuarto espacio,
denominado Salón de Reinos. La exposición terminaba con una
exhibición de paisajes, realizados en el segundo cuarto del
siglo XVII, en Roma, por Lorrain, Poussin, Both y Lemarie.
Como complemento a esa sala, el museo exhibía en otra,
ajena a la exposición, una selección de pinturas de paisajes
clasicistas.
La muestra era un paso adelante para el conocimiento y recuperación
de las obras del Buen Retiro, y también una demostración de
la vinculación del Prado con el edificio del Museo del Ejercito"
en el que se encontraba el Salón de Reinos, dijo Zugaza en
la presentación.