Madrid. MDO.
Los
clientes de Madrid Rock conocieron en febrero la noticia del
apresurado cierre de la emblemática tienda de discos.
Mientras los dueños achacaron la desaparición
del negocio al “acoso de la piratería, la presión de Internet
y en el desprestigio del soporte CD” otros especularon con temas
urbanísticos, ya que el establecimiento ocupaba un gran
local en plena calle Gran Vía. Durante dos meses los
trabajadores protestaron por el cierre y se manifestaron para
conseguir condiciones de despido más dignas, mientras
el público aprovechaba los descuentos por liquidación.
Finalmente
Madrid rock cerró sus puertas en abril, pese a los intentos
desesperados de los trabajadores y las firmas de adhesión
de su clientela más fiel que se vinieron sucediendo desde
mediados de febrero. Estos apoyos fueron paralelos a las largas
colas que se pudieron
ver frente al local de la Gran Vía formadas por cientos
de clientes que querían aprovechar los saldos del establecimiento,
con grandes descuentos no sólo en los discos almacenados
sino el las últimas novedades, lo que llevó a
los sindicatos a denunciar que la firma pretendía hacer
negocio con la liquidación.
Para
CC.OO el cierre de Madrid Rock se debía a una operación
de especulación inmobiliaria, una teoría desmetida por
el gerente de Madrid Rock que achacaba la desaparición
de la marca al descenso de ventas. Durante varias semanas los
trabajadores del negocio se concentraron a las puertas de la
tienda para manifestarse no sólo contra del cierre sino
en contra de las condiciones de los despidos, lo cual daba en
parte sus frutos. El 7 de abril la
Dirección General de Trabajo de la Comunidad de Madrid acordó
desestimar la solicitud de Expediente de Regulación de Empleo
y el despido colectivo de los 45 trabajadores formulada por
la empresa, por considerar que no aportaba estudio de viabilidad
alguno y se había limitado estos años "a cerrar tiendas".
El día 26 de abril, poco antes del cierre
definitivo, los trabajadores de Madrid Rock salían una
vez más a la calle para solicitar el apoyo de la gente,
con la petición de firmas y la venta de bonos de ayuda.
Por entonces ya habían recogido 1.200 firmas de apyo
que finalmente no sirvieron para conservar uno de los establecimientos
más emblemáticos de la capital.
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