Madrid. MDO
Los 35 imputados en el caso del fraude
de las gasolineras, acusados en 1998 de manipular los surtidores
para cobrar más gasolina de la suministrada, aceptaron un acuerdo
que les condena a entre 15 y 21 meses de prisión y a pagar 2,11
millones de euros. La modificación de las conclusiones definitivas
por parte del fiscal fueron aceptadas por las partes, a la espera
de que la Audiencia Nacional dictase sentencia. Los imputados
se declararon así culpables y aceptaron las penas que se proponen
por estafa y delitos relativos al mercado y los consumidores.
El
caso llegó a la Audiencia Nacional en 2002, después de que
la Audiencia Provincial de Madrid estimara que ése
era el tribunal competente por haber un amplio colectivo de
perjudicados en varias provincias españolas -Madrid, Toledo
y Albacete-, en las que operaban las estaciones de servicio
del grupo Villanueva. El importe total de la cantidad que
pagaron los condenados, en concepto de cantidades ilegítimamente
defraudadas, ascendió a 2.114.587 euros. De ella debieron
responder solidariamente los acusados, que previamente ingresaron
el importe en la cuenta de consignaciones de la sección segunda
de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, donde se
ha seguido el caso. Quince de los acusados aceptaron la pena
de un año de prisión por el delito de estafa y nueve meses
y multa diaria de 11,2 euros durante seis meses por el delito
relativo al mercado y los consumidores.
La
pena de los otros veinte acusados ascendió a nueve
meses de prisión por el delito de estafa y seis meses de prisión
más una multa diaria de 3 euros durante seis meses por el
delito relativo al mercado y los consumidores. Según el escrito
del fiscal aceptado por las partes, "no es aplicable la circunstancia
agravante del artículo 250.1 del Código Penal por no constituir
la gasolina una cosa de primera necesidad ni un bien de reconocida
utilidad social". El caso se destapó en enero de 1998 cuando
la OCU presentó una denuncia ante el fiscal jefe del Tribunal
Superior de Justicia de Madrid por un presunto fraude en varias
estaciones de servicio en las que se cobraba al usuario por
más gasolina de la que se le había suministrado.
Tras la denuncia de la OCU, la
Consejería de Economía de la Comunidad de Madrid inició una
inspección de las estaciones de servicio de la región y detectó
varios surtidores en los que se había manipulado el precinto
interior. En la investigación se comprobó que en los surtidores
se había incorporado un mecanismo que se colocaba rompiendo
esos precintos legales y que alteraba la cadencia del transmisor
de impulsos, con lo que el contador marcaba un 5 por ciento
más de combustible del que realmente se había suministrado.
Durante el juicio, los imputados declararon que el mecanismo
era para contabilizar los litros suministrados en casos de
cortes de luz, a pesar de que había en el mercado dispositivos
fiables para cuantificar la gasolina en esas circunstancias.
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