Ruta:La Sierra Pobre, el 'rincón' más olvidado
Una de las excursiones más clásicas de la
zona norte de la Comunidad de Madrid

La presa del Villar, en el tramo alto del río Lozoya / Foto: Archivo
Madrid.- Madrid
Si la Sierra Norte es ya de por sí la comarca más remota y septentrional de la región, los pueblos que constituyen la Mancomunidad de la Sierra del Rincón suponen la última frontera. Después de sobrevivir a la pobreza, al olvido y al aislamiento, se han convertido en atractivos centros de turismo rural, permaneciendo casi intactos ante la 'amenaza' del desarrollismo urbano.

La Villa de San Roque, en La Cabrera, se ha convertido en el punto de partida imprescindible de cualquier excursión por la Sierra Norte. Sin perder de vista el carismático Pico de la Miel, hay que dirigirse hacia el noreste por un paisaje siempre cambiante. Las encinas dan paso a los pinos y éstos al matorral, para luego pasar a la jara y al robledal. La primera parada hay que hacerla en El Berrueco, un pueblo con personalidad, que se enorgullece de una curiosa iglesia con portada mudéjar y, sobre todo, de un mirador de verdadero lujo, desde donde se dominan el Embalse de El Atazar y las sierras más agrestes de la comunidad madrileña.

Algo más arriba, en la presa del Villar, podemos contemplar el río Lozoya amordazado entre presas y riscos, en medio de un impresionante cañón natural. Las encinas dan paso a las jaras en Robledillo, un pueblo que aprovecha su cercanía al embalse para convertirse en un emplazamiento desde donde se puede disfrutar de magníficos parajes. Desde allí, una estrechísima carretera conduce hasta Puebla de la Sierra por unos paisajes de enorme belleza, caracterizados por los continuos cortantes, por lo que es difícil encontrar otra carretera tan pintoresca en nuestros alrededores. Sólo el río Puebla, en lo más hondo del cañón, acompaña al viajero que lentamente se adentra en la Reserva Nacional de caza de Sonsaz.

Al final, tras una última curva, surge Puebla, perfectamente mantenida, con sus edificios de piedra oscura rematados con detalles de madera, cuidadosamente recuperados por sus habitantes, cada vez más conscientes de la importancia de conservar los rasgos originales de la arquitectura popular. Este pueblo lleva siglos resistiéndose a desaparecer, a pesar de sufrir periódicamente temporadas de aislamiento por cuestiones meteorológicas y contar con poco más de medio centenar de habitantes.

La cumbre de El Porrejón constituye una excepcional atalaya desde la que vislumbrar toda la comarca / Foto: ArchivoSeguimos el camino hacia el norte y atravesamos un puerto desde el que se domina el extremo norte de la sierra madrileña. En el vallecillo que forma el río de las Navas nos encontramos con Horcajuelo, Prádena del Rincón y Montejo, muy cercanos unos de otros, rodeados de picos y cumbres. Desde el mismo puerto de Montejo se inicia la subida hacia la cumbre de El Porrejón que, a pesar de su modesta altura, 1.827 metros, constituye un excepcional mirador de toda la comarca, que termina ante el paredón que forman las sierras de Cebollera y La Pinilla. De piel oscura y agrietada, su interminable espinazo erizado de puntiagudas placas desaparece, ladera abajo, entre los pinares. Una breve y no demasiado empinada cuesta conduce hasta el primer hombro de la montaña, y la vista que se descubre desde este balcón cimero anuncia algo que abundará durante todo el recorrido.

Sigue un camino sinuoso, que sortea berruecos y cruza los límites más altos del pinar. El sendero, no demasiado marcado, se dirige a la vertiente sur y, tras discurrir un corto tramo entre el arbolado, desemboca en una zona de prados. El camino se dirige entonces hacia la parte más alta del roquedo, bifurcándose en dos grandes brechas en las cercanías de la cumbre. Nada más cruzar el espinazo de la más baja, situada a la derecha, se desemboca en un estrecho callejón que permite vislumbrar la cima de El Porrejón, que hasta ahora había permanecido oculta, plagada de afiladas lascas de pizarra.

La parroquia de San Pedro, en  el pueblo de Montejo / Foto: ArchivoLa excursión puede prolongarse, prosiguiendo la travesía de las crestas, con un largo descenso hacia el collado de Las Palomas, bautizado así pues, por el mismo, cruzan las zuritas y torcaces en sus migraciones. Desde allí puede tomarse la pista forestal que lo cruza en cualquiera de los dos sentidos, ya que el de la izquierda transita por la ladera norte de El Porrejón y el de la derecha lo hace por la sur. En ambos casos, y tras recorrer cualquiera de las dos vertientes, se desemboca en la carretera que va de Prádena a La Puebla, hasta llegar de nuevo al puerto de Cerro Montejo.

Desde Montejo hay que seguir durante algunos kilómetros más la M-139, hasta alcanzar el río Jarama y, en las proximidades del Hayedo de Montejo, resulta especialmente interesante la ruta que sigue la senda de la Dehesilla, al poderse localizar con precisión la Sierra del Rincón, que da nombre a esta zona, entre la de Guadarrama y la de Ayllón. De vuelta a la Cabrera, hay que entrar en Horcajuelo, que esconde una maravillosa capilla del siglo XV dentro de su iglesia barroca, dedicada a San Nicolás de Bari, y, si queda tiempo, se puede subir al Convento de San Antonio, en lo alto de la Cabrera. Allí, desde el privilegiado mirador del monasterio más antiguo de la Comunidad, se puede echar una última mirada sobre esa impresionante cordillera que esconde los últimos pueblos de Madrid.

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