|
Madrid.-
Madrid
La
villa de La Hiruela es un pequeño pueblo, perdido de
la mano de Dios, que se ubica en la falda del alto de Bañaderos,
con laderas de bosque de robledales en campos cercados, prados
y monte bajo. Situada en el límite oriental de la sierra
norte de Madrid, rodeada por cerros y terreno quebrado, está
incluida dentro del Parque Natural del Hayedo de Montejo.
El
trayecto se inicia en la calleja que desciende desde La Hiruela
a los huertos y prados del arroyo de la Fuentecilla, siguiendo
una suave bajada que pasa junto a la imagen de Nuestra Señora
de Lourdes y llega hasta el arroyo. Éste presenta un bello bosquete
de avellanos, cuyos brotes jóvenes son muy apreciados en el
municipio, ya que se aprovechan tradicionalmente como varas
para sujetar las judías. Después de pasar el arroyo, empieza
una corta subida hasta la pista donde podremos ver el comienzo
del Camino de la Dehesa atravesando el zarzo, que impide la
salida del ganado.
La
dehesa es un bosque de robledal húmedo de melojos y roble albar,
por lo que a lo largo del recorrido podremos observar las especies
que componen su rico sotobosque: endrinos, serbales, boneteras,
mostajos, maillos, etc. El camino pasa junto a un terreno vallado
conocido como 'Valle Hondo', que antes se cultivaba y en el
que todavía podemos encontrar manzanos y perales junto a magníficos
ejemplares de abedules y rodales de endrinos. En los terrenos
encharcados junto al pilón no resulta difícil, en los atardeceres
invernales, descubrir el característico vuelo de alguna becada
que aprovecha estas zonas encharcadas y boscosas para alimentarse.
El aspecto que ofrecen los viejos pies de robles se debe al
tratamiento de podas que se practicaba para obtener leña y ramón
para el ganado, algo muy típico en las dehesas.
Seguimos
caminando y llegamos a un claro en el bosque, en un terreno
rocoso, donde podremos disfrutar de una magnífica vista
panorámica del valle del Jarama. Estos caminos son utilizados
por el ganado y por otros pequeños habitantes del bosque como
tejones, garduñas, corzos y jabalíes, por lo que resulta interesante
detenerse a observar huellas y rastros cuando el terreno se
encuentra húmedo. En los taludes del camino es posible descubrir
los restos de antiguas carboneras, con restos de picón, lo que
explica el nombre de esta bella ruta. Este aprovechamiento del
bosque se practicó hasta los años 60, por lo que los vecinos
del pueblo todavía recuerdan el acarreo del carbón en caballerías
para venderlo en Buitrago de Lozoya.
Continuamos
el recorrido hasta llegar a una explanada salpicada de viejos
robles. Aquí debemos tomar el desvío que nos conducirá hasta
los prados de la Morra de la Dehesa. Desde allí tomamos la antigua
senda de La Puebla de la Sierra que, atravesando el robledal
hasta la entrada de la dehesa, nos lleva hasta el
comienzo de una senda marcada en un afloramiento de rocas (esquistos
con mica y algún cuarzo blanco) por el paso de las caballerías
que transportaban a la eras las cargas de cereal recién cosechadas.
En la suave subida podremos observar las principales especies
de matorral de la zona, compuesto por cambrones, cantuesos y
botoneras, y disfrutar del aroma de la abundante mejorana. Desde
lo alto de la loma podemos volver a disfrutar de una panorámica
del valle del Jarama, El Cardoso y los robledales que pueblan
sus valles; tendremos a nuestros pies la sencilla estructura
urbana de La Hiruela, rodeada por sus huertos y linares y, frente
al pueblo, la frondosa Dehesa Boyal.
Si seguimos la senda, rodeando unos atractivos afloramientos
rocosos de esquistos, nos asomamos al valle de la Umbría, de
cuyo arroyo también se recogen las aguas para la 'reguera del
Reajo'. Este paraje es especialmente recomendable al atardecer,
por ser uno de los lugares que recibe los últimos rayos de sol
y donde podremos disfrutar de los suaves tonos rojizos de las
peñas del Cerro de Calahorra, que aparecen por encima de Cardoso
de la Sierra. Continuamos nuestro recorrido descendiendo por
un cervunal (pastizal pobre de montaña), hasta llegar a la pista
próxima al bosquete de álamos temblones que rodea la pila de
riego.
Desde
allí, tomamos el antiguo camino a Cardoso de la Sierra,
única vía de comunicación entre los dos municipios cuando no
existía la pista asfaltada. Esta reguera discurre paralela a
las huertas del Perejón, por lo que podremos disfrutar con algunos
cerezos, manzanos, perales y nogales, frutas que hicieron popular
a La Hiruela en toda la comarca.
Flanqueado por tapias de piedra, con melojos, saucos y cerezos
silvestres, el camino desciende por un tramo empedrado hasta
el arroyo de la Umbría, que debemos cruzar para continuar atravesando
algunos prados con cambrones y robles dispersos.
Tras
estos prados, el camino se encaja en la frondosa vegetación
de viejos melojos y va descendiendo hasta llegar a un puente
de madera, recientemente reconstruido, que nos permite atravesar
el río Jarama. Si cruzamos y seguimos por la senda llegamos
a la Ermita de San Roque, que en el siglo XVIII perteneció a
La Hiruela. Si optamos por el recorrido junto al río, debemos
seguir la baliza indicadora que marca la senda de pescadores
en la margen derecha del Jarama. En la ribera encontraremos
un cambio lógico en la vegetación, dominando los sauces, arraclanes
y algún serbal. También son muchas especies animales las que
dependen del cauce, como los caballitos del diablo, con sus
colores metálicos y brillantes, o las efémeras, uno de los alimentos
preferidos de la trucha común, que tampoco será difícil de ver.
Al
seguir aguas abajo, encontramos las ruinas de uno de los antiguos
molinos harineros, el 'Molino de Juan Bravo', junto a una explanada
en la ribera. Aguas abajo y poco después de cruzar un pequeño
puente, llegamos a una alameda en la que podremos observar una
pequeña cascada, donde el cauce parece dividirse en dos. Se
trata de la captación de agua del molino moderno de la Hiruela,
que se encuentra en una bonita explanada de prados frescos junto
al río. Desde allí tomaremos el camino de la izquierda
para cruzar el puente del arroyo de la Fuentecilla y seguir
una vereda entre robles, donde podremos solazarnos, en la otra
ladera del arroyo, y como colofón de nuestro viaje, con
un colmenar tradicional de "corchos". Estas colmenas, con el
aspecto de una pequeña ciudad, son fabricadas a partir de secciones
de tronco de roble o cerezo, huecas, y con una laja de esquisto
y barro de tapa.
OTRAS
RUTAS
|