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Madrid.-
Madrid
Se
trata de uno de los más antiguos caminos históricos en la sierra
del Guadarrama, cuyas primeras referencias se remontan al siglo
XIII. Extraordinario desde el punto de vista paisajístico, pone
en comunicación dos enclaves monumentales de excepción: el Monasterio
de El Paular, en la vertiente madrileña, y los jardines y el
palacio del Real Sitio de La Granja de San Ildefonso, en la
provincia de Segovia.
La
caminata arranca del mismo pueblo de Rascafría, ganando
altura por la llamada cuesta 'del Chorrillo', que cuenta con
una notable cruz en piedra. Atravesamos unas extensiones llanas,
en las que habitualmente pasta el ganado bovino y equino local,
desde las que comenzamos a disfrutar de buenas perspectivas
sobre el monasterio de El Paular. Tras un tramo de subida bastante
pronunciado, por una estrecha senda, nos adentramos en el robledal
de Los Horcajuelos, magnífico paraje forestal que, si se camina
en silencio, puede proporcionar el encuentro ocasional con corzos
o jabalíes.
El
viejo trazado caminero, escondido bajo la densa arboleda, va
ganando paulatinamente altura en la ladera y, en la primera
curva cerrada, un pequeño desvío nos da acceso a un roquedo-mirador
significativo, con espléndida panorámica sobre el monasterio
y pinares de El Paular. Cuando el robledal termina, se accede
a un paraje caracterizado por formaciones rocosas aisladas de
caprichosas formas: el Carro del Diablo. Este conjunto se contempla
especialmente bien desde la curva inmediata a la intersección
de nuestro itinerario con una pista forestal notoria.
Aquí
se inicia un largo tramo que aprovecha el trazado de la pista
forestal, construida en paralelo con el antiguo camino, en una
subida dilatada que acomete el ascenso final hacia el collado
del Reventón. Enfilamos hacia la parte cimera del collado, por
un terreno que cubren las nieves cada invierno y las retamas
en flor cada primavera, donde es posible observar restos de
parapetos, trincheras y bastiones en la linea de frente establecida
en estos parajes durante la Guerra Civil. En la culminación
del collado del Reventón se localiza un cilindro monolítico
de piedra, erigido en 1910 en memoria del teniente coronel Ibañez
Marín.
El
mejor punto panorámico sobre este entorno se disfruta desde
una cumbre inmediata, a 2.095 metros de altitud. Desde allí,
la vista se extiende sobre una de las mejores perspectivas alpinas
del Pico de Peñalara, en su arista del Risco de Claveles: el
collado de la Flecha, las cumbres Carpetanas, el conjunto de
la Cuerda Larga, todo el Alto Valle del Lozoya y la planicie
de la Meseta Norte, en torno a la ciudad de Segovia.
Una
apertura en la valla de piedra que discurre por el límite
provincial madrileño-segoviano permite proseguir en itinerario
hacia La Granja. Nos topamos con la llamada fuente del Infante,
un paraje de evocaciones reales, y, ladera abajo, descubrimos
tambien las ruinas de lo que pudo ser un pabellón real de caza.
El descenso prosigue por un camino pedregoso cuya pendiente
se va suavizando progresivamente.
Cerca
de otra pequeña fuente, de la que mana agua incluso en pleno
verano, existe el desvio hasta el punto panorámico de Pollo
Judio. Este grupo de rocas constituye, sin duda, el mejor mirador
sobre el Real Sitio de La Granja, con los jardines y el palacio
que ordenase construir Felipe V al pie del Guadarrama segoviano.
La panorámica vuela tambien sobre los pinares de Valsain, el
collado de la Acebeda, el puerto de la Fuenfría, Siete
Picos o la Mujer Muerta. En un plano más próximo, contemplaremos
el característico cerro del Moño de la Tía Andrea, que
aparece cubierto por excepcionales ejemplares de pino silvestre.
Cuando
el itinerario se transforma ya en camino de rueda bien trazado,
acometemos el descenso final hacia La Granja. Traspasando una
cancela, penetramos en un sector del bosque perteneciente a
la finca Mata de la Sauca, con derecho de paso histórico
para caminantes y jinetes. El último medio kilómetro de camino
discurre junto a los mismos muros del Palacio Real, a la sombra
de centenarios ejemplares de robles y castaños, coincidiendo
con el trazado de una via pecuaria tradicional.
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