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Madrid.-
Madrid
En
el extremo noroeste de la capital se eleva el monte de El Pardo,
reserva biológica de incalculable valor y uno de los
pulmones de Madrid. En sus bosques se refugian ciervos y otras
especies animales, pero lo más llamativo que guarda es
su rica vegetación. Desde la Edad Media, el monte de
El Pardo ha sido reserva de caza; hoy, sirve como puerta de
entrada a otro gran espacio natural de Madrid: la Cuenca Alta
del Manzanares.
Durante
mucho tiempo, al monte de El Pardo se le denominó "dehesa".
Con este apelativo aparece ya en el libro "La Montería",
escrito por el Rey Alfonso XI durante el primer cuarto del siglo
XIV. En 1405, el Rey Enrique III construyó en este lugar
el primer edificio destinado a la Corona y, desde entonces,
el monte de El Pardo ha permanecido ligado a la Realeza.
No
hay acuerdo sobre qué se denomina "monte de El Pardo".
Sí lo hay, sin embargo, sobre su valor natural: es un
perfecto ejemplo de bosque mediterráneo, de 14.474 hectáreas
de extensión, que conserva un paisaje idéntico
al que existía durante la Edad Media. Ya entonces, bajo
el reinado de Enrique IV, fueron ampliados sus límites
y, posteriormente, la Casa de Borbón extendió
los terrenos de caza, anexionando el Cordón de El Pardo
e incorporando nuevas construcciones. La época dorada
de la caza en este lugar abarca los reinados de Carlos II y
Carlos IV, mientras que, en la actualidad, la fauna que habita
los bosques de El Pardo se encuentra protegida frente a agresiones.
La
historia de El Pardo se revela en los restos del palacio que
construyó Carlos I, o en los "Reales Trabajos Públicos"
y la "Comisión del Bosque" establecidos por
Felipe II. Hoy, el monte de El Pardo se encuentra dividido en
tres zonas: una, restringida, abarca las edificaciones reales;
otra, de extraordinario valor, se encuentra protegida medioambientalmente;
y la tercera es de acceso público.
Al
monte de El Pardo se llega por la carretera M-605. Un aparcamiento
permite dejar el coche e iniciar a pie un recorrido de una hora
y media o dos horas -ida y vuelta- por un sendero entre encinas.
A medio camino es posible descubrir árboles monumentales
y, durante todo el recorrido, observar el vuelo de los buitres
negros, las águilas imperiales, las gaviotas reidoras,
las cigüeñas negras, las urracas y los picapinos.
Entre los muros que guardan la riqueza natural de la zona hay
catalogadas 125 especies de aves, 35 de mamíferos de
todo tipo, 19 de reptiles y 13 de anfibios. Se estima que en
la extensión vedada al acceso público viven 4.000
gamos, 3.600 ciervos y 500 jabalíes, además de
30.000 conejos y multitud de rapaces.
Si
el monte de El Pardo guarda una gran riqueza faunística,
no es menor la riqueza vegetal que encierra entre sus muros:
120 especies diferentes de árboles y plantas. Quizá
lo más destacado sean dos olmos bicentenarios que crecen
a orillas del Manzanares, el río que calma la sed de
los árboles y animales "pardeños". El
mayor de estos dos olmos mide más de 25 metros de altura
y su tronco tiene en la base una circunferencia de más
de ocho metros y medio. El diámetro de su copa mide 23
metros. El otro ejemplar alcanza una altura de 21 metros, con
un perímetro en su tronco de 5,30 metros y un diámetro
de copa de 22 metros. Están incluidos en el Catálogo
de Árboles Monumentales Madrileños.
Dentro
del área protegida del monte de El Pardo se encuentran
dos alcornoques. El mayor de ellos alcanza una altura de 16,50
metros, tiene un diámetro de copa de 22,50 metros y el
perímetro de su tronco mide 3,85 metros. El otro alcornoque
mide 14 metros y el diámetro de su copa alcanza 21,50
metros.
El
monte de El Pardo es patrimonio nacional por la ley 23/1982
de 16 de junio, que regula
las posesiones del Estado. El Catálogo de Monumentos
Públicos y Elementos Urbanos Singulares de Madrid lo
sitúa en el Nivel 1 de protección histórico-artística,
que se refiere a "monumentos conmemorativos y obras de
ornato público de carácter único por la
esencia de la obra, el personaje representado, el motivo o la
significación para la historia de Madrid, por su ubicación
original o por haberse configurado como un conjunto integrado
en el entorno". Precisamente, la capacidad del monte de
El Pardo para conservarse virgen, a escasos metros de una gran
ciudad como Madrid, le confiere ese carácter original,
integrado en el entorno y significativo para la historia de
la región.
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