Ruta:La dehesa de Roblellano
Entre La Cabrera y Valdemanco, la sierra ofrece una gran riqueza vegetal y faunística


Madrid.- José Antonio Martín. En las estribaciones de la sierra de La Cabrera se sitúa Valdemanco/Foto: MDO
A medio camino entre La Cabrera y Valdemanco, en las faldas de la sierra de La Cabrera, la dehesa de Roblellano es un excelente lugar para entender cómo se formaron las masas rocosas del norte de la Comunidad de Madrid. Es también un magnífico entorno para disfrutar de un paseo entre melojos, encinas y enebros, empapándose con el sonido del agua que discurre por los numerosos arroyos. Pero, si la naturaleza se convierte aquí en un inmenso placer, la cultura y la gastronomía de la zona no le andan a la zaga.

El viajero curioso y el excursionista interesado en conocer los secretos de la sierra encuentran en la dehesa de Roblellano un excelente lugar para aprender a conocer la sierra de La Cabrera. Una breve excursión sirve para disfrutar con el entorno mientras se camina y detenerse para observar con detalle los arroyos que brotan entre las fisuras del granito, la riqueza vegetal y, con suerte, a los animales. Desde La Cabrera se pueden contemplar los picos de la sierra, invitando a practicar los deportes de aventura; pero para llegar a la dehesa es necesario tomar la carretera en dirección a Valdemanco, para abandonarla por su margen derecha a la altura del kilómetro 1,5.

La roca granítica se sobrepone a las masas boscosas/Foto: MDOLa dehesa es una pequeña ladera cubierta con cantos berruecos, sobre la que descansa una amplia llanura que se extiende hasta la propia falda de la sierra de La Cabrera. Precisamente la sierra es responsable de la acumulación de cantos de granito que, sobre todo en primavera, cuando el deshielo transforma la nieve en agua para los arroyos, los arrastra y deposita en la dehesa. Aquí, los encharcamientos son frecuentes y la humedad favorece el crecimiento de plantas herbáceas que, cuando llega el buen tiempo, dan a la zona un aspecto de falsa pradera.

En la zona del Matatorejo existen dos pequeñas lagunas formadas con el agua de la lluvia y del deshielo, que contrastan con la arboleda de la dehesa y con las rocas del entorno. Aquí abreva el ganado y el crecimiento de plantas acuáticas en su fondo causa el enriquecimiento del agua con materiales orgánicos. Alrededor de las lagunillas el terreno presenta aspecto turboso y no faltan en él matas de brecina, propias de entornos así. Los arbustos son de tipo leñoso en toda la dehesa, mientras que entre los árboles abundan los robles melojos, las encinas y los majuelos. Entre los matorrales se distinguen el escaramujo, la zarza, la jara pringosa, la perpetua, el endrino y el tomillo salsero, entre otros muchos. También abundan las gramíneas.

El conejo abunda en esta zona de la sierra/Foto: MDOSobre todo en primavera y hasta el final del verano, en esta zona se puede observar a los tejones, a las garduñas, a las ginetas y a las liebres; y, alzando la vista al cielo, al milano real, al azor, a la codorniz, al herrerillo común, al zorzal real, al carbonero y a la bisbita campestre, que llama la atención durante el mes de octubre llenando el aire con su característico bisbiseo. A todos estos animales se les puede ver en la vertiente norte de la sierra de La Cabrera. Entre la fauna de la vertiente norte y la de la vertriente sur no se encuentran diferencias en la mayor o menor abundancia de especies, sino en la abundancia de individuos de esas especies. Así, por ejemplo, en la vertiente sur son más abundantes el conejo, el lirón careto, la comadreja, la lagartija colilarga, el murciélago común, la paloma torcaz, el mochuelo y la urraca, entre otras especies.

Torre de la iglesia de La Cabrera, un municipio con indudables atractivos turísticos y medioambientales/Foto: MDOHistoria, gastronomía y servicios
La zona tiene también otros atractivos culturales y gastronómicos. En La Cabrera y Valdemanco, los asados tienen fama; en Valdemanco, el obrador Sierra de Madrid, una confitería, también. Valdemanco apenas cuenta con medio millar de habitantes, pero tiene el Museo-taller de arte de Vanguardia Berruti y la iglesia del Carmen; y una extraordinaria muestra de arquitectura popular madrileña. A orillas del río Albalá, se descubre un viejo molino que recuerda el pasado de la zona, donde son frecuentes este tipo de construcciones.

La Cabrera alcanza casi los 1.500 habitantes y en su término municipal se puede practicar equitación, escalada y painball. Hay yacimientos arqueológicos y la Ruta de los Menhires ofrece una posibilidad única de disfrutar de extraordinarias vistas panorámicas. También se pueden visitar la Tumba del Moro y el Castro Celta, pero no son éstos los únicos recuerdos de un esplendoroso pasado: el convento de San Antonio es una magnífica muestra de la arquitectura religiosa del siglo XI. El 18 de octubre, La Cabrera celebra la festividad de San Lucas.

Ahora que el otoño cambia el aspecto de los campos, los pueblos de la sierra se transforman; la vida se recoge en ellos y el silencio se deja sentir. En la dehesa de Roblellano los animales cambian el pelo mientras en la sierra los tonos graníticos van ganando terreno al verde. En otoño y en invierno, la sierra se vuelve aparentemente austera.

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