Rutas: Tesoros en el campo
Un recorrido por el pulmón verde madrileño, donde se encuentran algunos árboles muy valiosos


Madrid.- José Antonio Martín
Pocas ciudades en el mundo tienen tantos pulmones verdes como Madrid. La capital de España disfruta del histórico Parque del Retiro, del valioso monte de El Pardo y de la Casa de Campo. Espacios abundantes en especies vegetales de incalculable valor, que cumplen una importantísima función protectora del medio ambiente. Entre todos, la Casa de Campo guarda secretos que merecen ser conocidos y ejemplares únicos de árboles.

La Casa de Campo es una extensión de 1722 hectáreas en la margen derecha del río Manzanares, a espaldas del Palacio Real y la catedral de la Almudena. Tradicional pulmón de Madrid, en ella crecen encinas, coníferas, robles, retamas y diversa vegetación de ribera. Guarda dieciocho árboles singulares y numerosas zonas ajardinadas con árboles ornamentales que embellecen el entorno. Entre éstos, destacan el cedro del Himalaya (Cedrus deodara), la tuya (Thuja orientalis) y el cedro del Atlas (Cedrus atlantica). Otras especies ornamentales presentes en la Casa de Campo de Madrid son la catalpa (Catalpa bignonioides), la acacia de tres espinas (Gleditsia triacanthos), el liquidambar El cedro del Himalaya es una de las especies presentes en la Casa de Campo/Foto: MDO(Liquidambar styraciflua), el ciruelo de Pissard (Prunus cerasifera pisardii), y los autóctonos boj (Buxus sempervirens), majuelo (Crataegus monogyna) y cornejo (Cornus sanguinea).

Dentro de la Casa de Campo, paralela al curso del arroyo Meaques, la Senda Botánica ofrece al curioso la posibilidad de conocer más de medio centenar de especies vegetales presentes en el parque. Son cuatro kilómetros de recorrido llano entre las proximidades del lago y el puente de la Culebra, con paneles informativos de la variedad biológica existente. Cipreses, álamos, fresnos, olmos, plátanos de sombra, pinos, ciruelos, robles, castaños de Indias, chopos, alcornoques y almendros, entre otras especies, acompañan al visitante en su recorrido por la Senda Botánica.

Los encinares (Quercus ilex) forman masas vegetales que dan carácter a la Casa de Campo. También las repoblaciones de coníferas -pinos piñoneros (Pinus pinea) y cipreses de Arizona (Cupressus arizonica), además de pinos carrasco (Pinus halepensis)- son características de este pulmón de Madrid. En las zonas recreativas se encuentran robles (Quercus pyrenaica y Quercus robur) y, en las proximidades de los El roble es otra de las especies que se pueden admirar en la Senda Botánica de la Casa de Campo/Foto: MDOarroyos, abundan las saucedas (Salix alba y Salix salvifolia), las fresnedas (Fraxinus angustifolia) y las olmedas (Ulmus minor), mientras que en zonas donde el encinar desaparece crecen los retamares (Retama sphaerocarpa).

A la Senda Botánica se puede acceder por cinco lugares diferentes: la Puerta del Ángel, la Puerta del Dante, la Puerta de la Venta del Batán, la Puerta del Batán y la Puerta del Zarzón; ésta, sólo peatonal. Nueve aparcamientos permiten dejar el coche y emprender a pie el enriquecedor recorrido. En él abundan las fichas botánicas: paneles explicativos en los que, junto a una imagen del árbol o el arbusto en cuestión, aparecen el nombre común, el nombre científico, el nombre de la familia botánica a la que pertenece, el lugar de origen y diversas características, como la altura, las fechas de floración y fructificación, y los usos de la especie. Otros paneles -éstos, de grandes dimensiones- informan sobre aspectos como los tratamientos fitosanitarios y selvícolas, la lucha contra los incendios, la fauna asociada al encinar o la vegetación de ribera, entre otros temas.

Pero, en la Casa de Campo, se guarda otro tesoro: los dieciocho árboles singulares, calificados así por su aspecto, su altura, el diámetro de su copa, el perímetro de su tronco o su antigüedad. Son seis encinas, tres pinos piñoneros, dos fresnos, un cedro del Himalaya, un cedro del Atlas azul, un roble, un plátano de sombra (Platanus hybrida), un ciprés, un taray (Tamarix gallica) y majuelos. Son la nobleza de los árboles del parque; ejemplares únicos y distinguidos, algunos de los cuales se yerguen orgullosos en la Senda Botánica para disfrute de aficionados y curiosos.

 

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