Madrid.
26/02/2006. Ana Narbón
Fotos: Juan Luis Jaén
Tiendas hay en muchos sitios pero
mercadillos no tanto. Uno
de los más castizos y tradicionales que hay en la capital
tiene una cita semanal con los madrileños todos los
jueves en el distrito de Carabanchel, concretamente en la
calle Vía Lusitana. Un total de 150 puestos dan vida
a este mercadillo en el que
se puede encontrar de todo, desde fruta y verdura, hasta ropa
muy diversa, complementos, objetos
de decoración o productos de cocina y a precios muy
asequibles para el bolsillo. Como dicen los comerciantes para
atraer a los clientes: "Pasen y vean".
Todos
los jueves, de 9 a 14 horas, la Vía Lusitana de Carabanchel
se convierte en un hervidero de gente que va y viene del tradicional
mercadillo que se celebra en esta calle. Un mercadillo que
está compuesto por 150 puestos en los que se vende
al público todo tipo de productos, aunque las frutas
y las verduras son las verdaderas protagonistas, seguida por
la ropa, los complementos, objetos de decoración para
la casa e incluso utensilios de cocina, entre otras muchos
objetos. Por ello, semanalmente muchos vecinos son fieles
a este mercadillo en el que pueden encontrar "de todo".
"Siempre vengo porque compro algo de fruta y luego me
gusta darme una vuelta por si encuentro algo de ropa que me
guste y que esté a un buen precio", señala
María, una vecina que vive muy cerca del Metro de plaza
Elíptica y que es una de las fieles compradoras de
este mercadillo. "Llevo viviendo aquí muchos años
y siempre ha existido", señala mientras sujeta
varias bolsas en la mano repletas de naranjas, manzanas y
patatas.
Y
es que este mercadillo ofrece productos asequibles para todos
los bolsillos ya que los venden a muy buen precio "con
ofertas realmente muy buenas", según afirma Trinidad,
una señora de la tercera edad que dice tener "una
pensión muy pequeña por lo que siempre estoy
mirando los precios y en este mercadillo pues te ahorras unos
céntimos". La legalidad de los puestos está
asegurada, y a la vista, ya que todos ellos muestran al público
su correspondiente autorización para que no haya ninguna
duda. Algo que ofrece una seguridad a los compradores "porque
no es lo mismo comprar en algún puesto que se encuentre
por la calle, que yo no me fío porque a saber de dónde
han sacado las cosas, que aquí que sabes que todos
los puestos son legales", dice Carmen, una vecina de
este distrito que, acompañada por una amiga, confiesa
que siempre que puede viene a comprar a este mercadillo de
Vía Lusitana. Si los comerciantes venden una mercancía
que no ha sido previamente autorizada pueden sancionarles
con pagar una multa que va "desde 150 a 1.200 euros",
según informa uno de los vendedores.
Otra
vendedora es Jimena Costa , que está al frente de uno
de los puestos, en este caso de ropa. Se trata de un negocio
familiar que recorre distintos mercadillos aunque "también
tenemos una tienda fija en Villalba". Costa reconoce
que tener un puesto en un mercadillo es algo muy duro ya que
"siempre estás pendiente del tiempo por lo que
o pasas mucho frío o calor según la estación
del año". Costa asegura que "enero y febrero
son los peores meses porque todavía se notan los gastos
de Navidad y Reyes".
Las casetas de este mercadillo están siempre en el
mismo sitio, "porque pagamos por el espacio", según
aclara Costa, de forma que los clientes siempre saben dónde
encontrar sus puestos habituales. "Yo voy siempre a los
mismos sitios porque ya me conocen y yo a ellos", declara
Ángela, una ama de casa que va los jueves al mercadillo
empujando el carrito de su hijo, "porque también
me sirve para sacarle a pasear, aunque hoy hace mucho frío".
No solamente los vecinos de los alrededores se
acercan
hasta aquí para comprar sino que también acude
gente de más lejos que incluso toma para ello el Metro.
Es el caso de una pareja de hermanas que aseguran vivir a
"dos estaciones". "Solamente compramos algo
de fruta pero como venimos las dos pues no vamos muy cargadas".
Claro que podrían comprar también cuadros, vajillas,
gomas de pelo, medias, guantes, camisetas y pantalones de
todo tipo y color así como bolsos, collares, camisones
o ropa interior. Todo un espectáculo que se repite
cada jueves y que devuelve a Madrid un aroma tradicional perdido
en muchos distritos.