Madrid.
13/07/2005. Carmen Mañana
En julio, al colegio. Suena a castigo pero no lo es. Al menos
para Alex, Aitor y Natalia, tres de los 250 niños
que participan en los campamentos urbanos que la Junta ha
organizado en los colegios Lope de Vega y Eugenia de Montijo.
Los niños, de cuatro a doce años, pintan, participan
en talleres y dos veces por semana se van de excursión
a la piscina. La actividad más esperada.
A la una de la tarde cae un sol de justicia
sobre el patio del colegio Lope de Vega. Almudena y sus amigas,
Marta y Natalia, de 10 años, corren incansables de
un extremo a otro del recinto con una cajas de cartulina a
cuestas. Las han "fabricado" a las 9.30 horas en
el taller de manualidades y nadie sabe si llegarán
intactas a los juegos acuáticos con los que se cerrará
la jornada a las 17.00 horas.
El
primer campamento de este verano, en el que han participado
49 niños, termina el viernes. A muchos les gustaría
participar en los dos siguientes, que tendrán lugar
la segunda quincena de junio y la primera de agosto. ¿Por
qué?. "Porque me gusta jugar al pañuelo,
hacer manualidades con arcilla e ir a la piscina", responde
Almudena.
El objetivo de esta iniciativa es fomentar
el ocio entre los más pequeños pero también
conciliar la vida familiar y laboral de sus padres. El concejal
del distrito, Carlos Izquierdo, ha explicado durante su visita
de este miércoles al Lope de Vega que "los padres
que tienen que trabajar tienen la certeza de que sus hijos
reciben una perfecta atención de los monitores".
El concejal está estudiando ampliar el número
de campamentos urbanos de Carabanchel para el próximo
verano. La demanda de actividades, que llevan organizándose
ocho años en el distrito, aumenta constantemente. Para
satisfacerla, los colegios acogen por primera vez un nuevo
turno la primera quincena de agosto. "Es una especie
de prueba piloto para ver cómo va y si la gente se
apunta", dice Izquierdo.
Los campamentos cuestan 100 euros y los niños
pueden apuntarse en los centros culturales Oporto y García
Lorca. En cada grupo hay un número de plazas reservadas
a niños tutelados por los Servicios Sociales. Con esta
medida se busca que puedan "integrarse y disfrutar como
el resto de sus compañaros", según el concejal.
La
piscina, su actividad preferida
Además de jugar en el patio del
colegio y participar en los talleres que los monitores organizan
en las dos aulas que el Lope de Vega les ha cedido, los niños
del campamente urbano hacen tres excursiones a la piscina
de la Mina y una a Riosequillo, en la sierra. Son los momentos
preferidos por los niños. Parece que abandonar el asfalto
y acercarse un poco más a la idea generalizada de campamento
les encanta.
Los niños del Lope de Vega también
comen en el colegio. Sus siete monitores intentan, a veces
infructuosamente, que lo hagan calmadamente. Aitor dice que
el menú que les sirve una empresa de catering le gusta
mucho. Puede que no tanto como la actividad que les espera
después de lavarse los dientes: cine. Cada día,
en el gimnasio, se proyecta una película. "Allí
cada uno elige un poco lo que le apetece: ven la cinta, se
duermen una siesta o juegan a algún juego de mesa con
los monitores", explica Laura, la coordinadora de este
campamento.
Por la tarde, juegos de habilidad, creatividad,
confianza y decoración. "Se lo pasan tan bien
que les piden a sus padres que les vengan a buscar a las cinco
en punto", cuenta Laura. En la mochilita con la que vuelven
a casa llevan una muda, el cepillo de dientes y la crema solar.
El mismo equipamiento con el que llegarán al día
siguiente sobre las nueve de la mañana.