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Las claves de la vejez se encuentran en el ADN
Sobre la inmortalidad física
05/03/2010

Dijo Unamuno que todos los seres humanos sentimos un "ansia de no morir", un "hambre de inmortalidad", un "anhelo de eternidad". Las religiones siempre han intentado aliviar esta inquietud, ofreciendo a sus fieles la posibilidad de derrotar a la muerte, de renacer en otro mundo, de poder descansar eternamente en algún paraíso donde no exista el dolor, la miseria y la angustia.

Pero en el mundo actual, desde una perspectiva mucho menos metafísica, cada vez más científicos están intentando descubrir algo que nos permita disfrutar de una inmortalidad terrenal: una prolongación indefinida de la vida humana. El objetivo de estos ambiciosos investigadores es nada más y nada menos que encontrar alguna manera de impedir ese inevitable deterioro progresivo al que todos estamos condenados: el envejecimiento.

Aunque a primera vista el proyecto parezca totalmente quijotesco, en San Francisco ya se ha creado Geron Corp., la primera compañía biotecnológica dedicada exclusivamente al desarrollo de terapias que puedan acabar con la vejez y consigan prolongar indefinidamente la vida humana.

Gracias al apoyo financiero de Miller Quarles, un excéntrico multimillonario tejano de 81 años de edad que no tiene ninguna gana de dejar este mundo, los investigadores de Geron ya han conseguido algunos avances importantes en la lucha contra las arrugas, las canas, la pérdida de memoria, la debilidad corporal y todos los demás síntomas que suelen padecer las personas de la "Tercera Edad".

Quarles incluso ha ofrecido una recompensa de 100.000 dólares a la primera persona que descubra alguna forma definitiva de "curar" la vejez.

Prolongar la vida


Aunque ningún investigador serio se atrevería a hablar de algo tan descabellado como la "inmortalidad", muchos sí creen que en el futuro será posible ralentizar el proceso del envejecimiento, y por lo tanto prolongar considerablemente la vida de los seres humanos. Las mayores esperanzas provienen del campo de la genética, ya que muchos científicos consideran que las claves de la vejez se encuentran en el ADN.

Hace tres meses, el investigador Gerard Schellenberg y sus colegas de la Universidad de Washington anunciaron en Science el descubrimiento de un gen que parece estar relacionado de una forma muy significativa con el proceso del envejecimiento.

Al estudiar el síndrome de Werner, un trastorno que provoca una vejez prematura en sus víctimas (la mayoría de ellas suele morir antes de cumplir los 50 años), los científicos descubrieron que esta enfermedad se debe al defecto de un gen que regula la producción de una enzima conocida como la helicasa.

Schellenberg y sus colegas creen que una de las funciones de la helicasa es reparar mutaciones en genes y cromosomas. Sin este mecanismo de reparación, las células de una persona no son capaces de corregir los errores que ocurren en su material genético y se deterioran con mucha más facilidad.

En opinión de estos científicos, las personas que padecen el síndrome de Werner no tienen suficiente helicasa, y por este motivo sus organismos envejecen de una forma prematura.

Por lo tanto, si la función de la helicasa es realizar reparaciones fundamentales en las celulas y evitar su deterioro, existe la posibilidad de que un aumento de esta enzima pueda retrasar el envejecimiento y prolongar la vida de los seres humanos.

Dentro de poco, el equipo de Schellenberg comenzará a realizar experimentos genéticos con ratones para intentar alargar la vida de estos animales aumentando el nivel normal de helicasa. Si estos experimentos llegasen a tener éxito, se podría repetir el mismo procedimiento con seres humanos.

Sin embargo, a muchos científicos no les convence esta estrategia. Para empezar, algunos estudios han demostrado que en el caso de algunos organismos, como por ejemplo las bacterias, un aumento de helicasa puede provocar una muerte inmediata.

Por otra parte, lo más probable es que, en todo caso, el gen que regula la producción de la helicasa sea sólo uno de los muchos que están relacionados con el proceso del envejecimiento.
 

Comentarios de los lectores
Enviado por: Marisol / 05-03-2010 15:50
Es muy interesante. Me acuerdo ahora de un libro que leí hace años, se titula La inmortalidad, de Kundera. En él se retrata bien toda la pesadumbre del saber que nuestra existencia es finita: el hombre no sabe ser mortal, no sabe aceptar su condición más esencial. No dudo que la ciencia nos alargue más y más la vida, pero no estoy segura de que eso sea lo más idoneo. El ser humano necesita renovarse. Creo que habría que dejar de ver la muerte como algo tabú, es tan natural como nacer y eso sí lo celebramos todos, cada nacimiento. Pues la muerte no es otra cosa que la consecuencia de nacer. No hay que resignarse, solo hay que integrarla en nuestra sociedad, no maginarla e incluso negarla. Yo no quiero ser inmortal. Quiero vivir lo que tengo para vivir. Vivir más años no es vivir mejor, es ahuyentar un tiempito lo que ha de venir. La ciencia da esperanza, como la religión, y da calidad de vida, esto es lo bueno que tiene: la calidad que prropociona, a unos pocos, también hay que decirlo, porque, no así como la muerte, que es paa todos igual, los avnaces científicos son solo para unos cuantos afortunados del mundo, desgraciadamente. Al menos, la muerte es justa. Un saludo.