Eva Aguilar es periodista. Su atracción hacia la ciencia empezó a finales de la década de los años 90, cuando trabajaba en el diario La Prensa de Panamá. Tras especializarse en periodismo científico, siguió trabajando como enlace entre el mundo de la investigación científica y el público no especializado. Desde hace varios años trabaja de manera independiente como colaboradora para medios de comunicación tradicionales y portales digitales en Panamá, el Reino Unido y España.

icono de comentario
icono de imprimir
icono de enviar amigo
Ironías
27/07/2010 - Eva Aguilar

Mientras que para la mayoría de las personas el día de nuestro cumpleaños es una celebración puramente personal, cada vez que Louise Brown celebra un año más de vida, la ciencia recuerda el glorioso día en que vino al mundo el primer bebé probeta concebido exitosamente en el laboratorio. El pasado domingo, 25 de julio, Louise Brown cumplió 32 años. Hija biológica de Lesley y John Brown, puede decirse que en realidad sus orgullosos padres fueron Robert Edwards, fisiólogo de la Universidad de Cambridge, y Patrick Steptoe, quien ejercía como ginecólogo en la localidad de Oldham (Greater Manchester, norte del Reino Unido).

Entre 1978 y hoy, aproximadamente 4.3 millones de niños en el mundo han nacido gracias a tratamientos para la fertilidad desarrollados a partir de las técnicas que llevaron al feliz nacimiento de Louise Brown. La fecundación in vitro es actualmente un procedimiento que ha devuelto a muchas parejas la esperanza de tener hijos y en algunos países el proceso, aunque costoso, es incluso financiado por el sistema público de salud. Sin embargo, tres décadas atrás, Edwards y Steptoe tuvieron que pasar por los mismos sinsabores por los que pasan todos los pioneros: escepticismo, falta de recursos, desconfianza y las consabidas acusaciones de inmoralidad y falta de ética. Pero para los investigadores, el golpe más duro fue en realidad el hecho de que el Medical Research Council del Reino Unido (MCR), la organización gubernamental británica dedicada a financiar investigación de primer nivel con el objetivo de mejorar la salud pública, negara en 1971 su solicitud de financiación para el proyecto a largo plazo.  

Siempre se ha considerado una ironía que los estudios que llevaron al perfeccionamiento de una técnica que pasó de ser puramente experimental a ser un tratamiento terapéutico –pasando por todo el conocimiento que en el camino ha aportado sobre la reproducción humana–, tuvieran que ser financiados con dinero del sector privado. Efectivamente, ni el gobierno británico ni los contribuyentes financiaron el nacimiento de Louise Brown. ¿Por qué? De los detalles nos hemos enterado esta semana, gracias a que un grupo de investigadores de la Universidad de Cambridge y la Escuela de Ciencias Económicas y Políticas de Londres se ha tomado el trabajo de indagar en los archivos del MCR. Entre las causas se destacan que el grupo de réferis que debía evaluar la propuesta de Edwards y Steptoe prefirió seguir la línea gubernamental de la época de limitar la fertilidad y por lo tanto el aumento de la población británica; los réferis también plantearon la posibilidad de que nacieran niños anormales si las técnicas no eran lo suficientemente seguras. La reputación de los investigadores se puso igualmente en duda, dado que ninguno de los dos pertenecía entonces al sistema o establishment médico del Reino Unido.  

Mucho ha llovido desde que la idea de la fecundación in vitro fue concebida en la década de 1930 y los primeros éxitos se cosecharan 40 años después. Tanto ha llovido que hace un par de meses leía en el periódico que unos 80 del total de embarazos anuales concebidos a través de fecundación in vitro en el Reino Unido, terminan en abortos voluntarios. Irónico, ¿no les parece? Es extraño pensar que a pesar de todo el compromiso físico y financiero que supone el tratamiento, alguien pueda decidir terminarlo.

Las razones citadas por las mujeres que toman esta decisión giran en torno a cambios en su situación social: presión de la pareja, infidelidad, inseguridad sobre la estabilidad del matrimonio o ruptura inminente de la relación sentimental. Todo ello perfectamente comprensible, pero aún así difícil de tragar. La fecundación in vitro no es un accidente. Es muy distinto quedarse embarazada porque la píldora o el condón no cumplieron con su cometido, que pagar miles de libras esterlinas, euros o dólares por conseguir el mismo resultado.  

Aunque las autoridades británicas dicen que no van a regular este tipo de abortos, sí han pedido mayor investigación. Por lo que cuentan las informaciones, esta nueva tendencia parece haberles resultado chocante e inesperada. El debate queda abierto.                                  

Jorge Juan TV

El investigador Koji Eto presentó este martes en Madrid los avances de su investigación con "células reprogramadas".