
Si hay que preguntarle a alguien su opinión sobre la independencia del imperio español es justo a los pueblos originarios. Les ofrecemos una travesía por Sucre, Bolivia, para rastrear un pasado de revoluciones y patriotas.
Lo primero que impacta cuando se entra al mercado campesino de Sucre es la cantidad de colores.
Montañas de especies multicolores, frutas frescas, e hileras de carne y pollo sofocan la retina. Y ni hablar de los olores. En serio, es una experiencia sensorial que a uno lo deja agotado.
Pero comprar víveres no era el objetivo de la visita. Independencia, grito libertario, indígenas eran los temas que fui a buscar -gracias a la sugerencia de varios lectores- a este mercado.
Me interesaba saber cómo es la reacción de los pueblos originarios hacia las fastuosas celebraciones en la ciudad. A fin de cuentas la independencia le puso fin a un dominio español sobre los indígenas de casi 400 años.
Y en Sucre quizás no hay mejor lugar para hablar del asunto. En este mercado coinciden campesinos indígenas de diferentes etnias, como quechua, aymara o hasta guaraní, que vienen de diferentes ciudades de la región, como Oruro, Potosí y Cochabamba, entre otras.
"Hable con la señora Rosa"
"Claro que nos alegra la independencia", me dijo un comerciante, lo cual tuvo eco en varias opiniones que recogí entre puestos de venta de alimento o ropa.
Pero la felicidad por celebrar este bicentenario no necesariamente ha hecho que muchos olviden que hay problemas de raíz, que siguen presentes.
"Muchos de nosotros seguimos discriminados", me dice otro vendedor de vestidos, quien dice venir de Potosí.
Lograr que estos comerciantes accedan hablar a un periodista es, por decir lo menos, una tarea titánica. Lo que uno supone es una mezcla de timidez y no tener ganas de conversar, implicó, literalmente, rogarle a más de uno que compartiese sus pensamientos sobre la independencia.
"Hable con la señora Rosa, ella sí habla", me dijo una mujer detrás de una montaña de naranjas quien cortésmente rehusó la breve entrevista.
La "señora Rosa", quien probablemente ni se llamaba Rosa, me dijo que lamentablemente ella no quería hablar, pero que la mujer detrás de la montaña de naranjas "sí que lo hace".
"Hablen con los dirigentes, mejor", recomendó otro. Y así lo hicimos.
"La mayoría de nosotros somos obreros o campesinos y seguimos en lo mismo después de 300, 200 o 500 años", afirma Dora Copa, de la Federación de Campesinos de Sucre.
"Es muy triste cuando uno ve estas celebraciones (del bicentenario) y recuerda que no tenemos buena educación para nuestros hijos", agregó.
División
Los festejos por esta fecha de la historia latinoamericana, sin embargo, coinciden con la coyuntura política boliviana. Y eso no escapa de las opiniones recogidas.
Por más que quisiéramos hablar de independencia e historia, las respuestas terminaban siempre en la división que hay actualmente en Sucre en torno al bicentenario.
El gobierno local, de oposición, hará sus actos en la ciudad. Ninguno de los funcionarios del gobierno central de Evo Morales vendrá, y muchos dicen preferirlo así.
Por otra parte, Morales liderará su propio festejo, con sus partidarios, en una localidad a varias horas de Sucre, donde nació Juana Azurduy, una líder guerrillera indígena que luchó en las guerras independentistas.
"Es muy triste esta división", señala Efrén, un comerciante del mercado.
"Antes lo celebrábamos todos juntos, como debía ser", coincide Trinidad, una mujer de edad avanzada que también es comerciante.
Doscientos años después de que en esta ciudad empezase un movimiento de unidad por un mismo objetivo, quizás es un poco contradictoria la división actual.

Silvia Révora

Dolores Padierna

José Luis Sanchís










