icono de comentario
icono de imprimir
icono de enviar amigo
Reseñas de Libros
Las Ilusiones Renovables: La Cuestión de La Energía y La Dominación Social
20/10/2009 - Mariano Vázquez/ Artículo publicado en Biblioteca CF+S, CIUDADES PARA UN FUTURO MÁS SOSTENIBLE

Los Amigos de Ludd  (2007)   Las ilusiones renovables. La cuestión de la energía y la dominación social.   Bilbao: muturreko burutazioak, 240 p. 

Muchos padres dan chuches a sus hijos para sacarles del llanto y la rebatiña. Hacen eso como una alternativa, en lugar de hacer frente al conflicto y gestionarlo (¡no siempre los conflictos tienen solución!). En lo que se refiere a la denominada crisis de la energía o al agotamiento del petróleo pasa algo parecido. Los Amigos de Ludd plantean en Las ilusiones renovables esta tesis con todo detalle, analizando la cuestión de «la demanda de energía y su expresión política y social» (el subrayado es mío):

    Hemos querido ahondar en el significado de lo que el pensador Ivan Illich llamaba la «ilusión fundamental», es decir, la creencia «en la posibilidad de altos niveles de energía limpia como solución a todos los males».

    Los Amigos de Ludd

El libro es el conjunto de ocho ensayos bien hilados que exploran en prácticamente todas las direcciones imaginables, aunque sus autores sólo aspiran a ofrecer una «pequeña guía» a gente que «simplemente quiere pararse a pensar» y a que surja, esperan, el debate y reciban otras opiniones y puntos de vista.

En El camino de la esclavitud se repasa la historia ``energética'' de la posguerra, con especial atención a la pretendida sustitución de recursos por capital, al papel de la Técnica y la Ciencia, la centralización y la especialización, la definitiva conversión al petróleo de las economías ``desarrolladas'' y, en particular, la instauración de la plena dependencia energética en la agricultura. Un camino que en cierto modo culmina con la necesidad de un Estado garante de la seguridad desde que entra en juego la energía nuclear.

En El camino de la crisis: 1973-1979 se analiza con renovado acento crítico lo que supusieron las dos crisis históricas del petróleo en términos de reparto del poder, con especial mención del papel jugado por el Gobierno de los EEUU y las principales grandes compañías energéticas. Estaba en juego establecer la mejor forma de dominación social; y aquí hay sugerencias de plena actualidad: ¿o es que la tenida por auténticamente real e inevitable ``crisis financiera mundial'' no se quiere que sirva para que el erario público ponga un billón de dólares a disposición de quienes han ido haciendo caja durante la última década de expansión inmobiliaria? En paralelo se examina el debate entre las diversas corrientes del pensamiento crítico y de resistencia, siendo la cuestión clave si es necesaria la centralización o si, por el contrario, lo que urge es la reapropiación colectiva de la energía.

En la evolución de los ecosistemas, la contingencia histórica tiene un rango explicativo substancial. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Una exploración obligada es ver de dónde venimos. En Utopistas y anarquistas frente al control de la energía se ofrece un exhaustivo análisis de cómo aquellos bienintencionados pensadores del XIX tropezaron una y otra vez con la ilusión de la Técnica y la Ciencia. Hay un repertorio de textos de Abad de Santillán, Kropotkin, Lenin, Malatesta, Marx, Morris, Noja, Ohitovich y los desurbanistas, Quiroule, etc, que muestran a las claras la fascinación por todas estas ilusiones salvadoras que, desde entonces, se han hecho realidad o siguen funcionando como zanahorias delante del burro: la electrificación sistemática, el petróleo y la generalización del automóvil, la televisión, la energía nuclear, los biocombustibles, las ``inagotables'' fuentes de energía renovable, la expansión sistemática de los asentamientos humanos por todo el territorio como forma de hacer desaparecer la diferencia entre campo y ciudad (¡la ciudad-red de los desurbanistas soviéticos se propone en 1928!). Hay una conclusión evidente: si tantos pensadores a favor de la emancipación humana han sido víctimas del espejismo tecnológico es que es muy fácil caer en él, así que va de suyo la utilidad que, para la dominación social, tiene el paradigma del «desarrollo sostenible», de lo «respetuoso con el medio ambiente», en definitiva de lo «verde». Hay pocas excepciones en este panorama, y vale la pena mencionar la figura del geólogo Alberto Carsí (1937), heredero intelectual de Elisée Reclus, figura rescatada del ninguneo de la historia por Eduard Masjuán (1992). El ensayo concluye analizando como tal espejismo ha sobrevivido en el panorama del pensamiento anarquista contemporáneo (Bookchin, van Duyn), en el que de nuevo, las excepciones son raras (Goodman, Illich). En definitiva:

    Aquel viejo lema, inaugurado por William Morris, «Cómo vivimos y cómo podríamos vivir», lleno de ecos de transformación y esperanza, ¿qué ha pasado a ser en las sociedades de la abundancia industrial sino un truco manido de la colonización publicitaria de las necesidades?

El cuarto ensayo, Bajo el volcán, está íntegramente dedicado a la energía nuclear de fisión. Pero no sólo como una forma de producir energía, sobre todo como una forma de disuasión de «las poblaciones», hábilmente empleada por «las clases dominantes».[2] Hay un prolijo recorrido por las diversas facetas, incluyendo las conexiones entre uso civil y uso militar, en donde deben encuadrarse las nuevas ideas de nuevos reactores para ``reciclar'' residuos radiactivos.

En La edad del petróleo se analizan las posibilidades que abre el anunciado peak-oil y el consiguiente agotamiento de la fuente energética principal del capitalismo reciente: bajo foco queda una pregunta: «la caída más o menos acelerada del régimen petrolero», ¿«abre una brecha para» [...] «reconstruir una sociedad autónoma, radicalmente diferente a la que conocemos»? Dada su complejidad e importancia, Los Amigos de Ludd se contentan con recorrer las ramificaciones de esta cuestión. Se incluye una sintética historia del uso contemporáneo del petróleo, de sus guerras y el significado de las mismas, y, como pieza clave, del desarrollo de la movilidad motorizada.

El sexto ensayo da título al libro. Nos lleva por el ``parque temático'' actual, adornado con esbeltas torres eólicas, huertos solares, ``hidrogeneras'', centrales de fusión como pequeños soles inocuos, incluyendo doctas exposiciones sobre los proyectos del futuro: paraguas orbitales que a la vez que mitigan el calentamiento global, recolectan energía y la transmiten a los Veinte Puntos por medio de micro-ondas y otros temas igualmente estupendos. Hay una sombra en el horizonte: si realmente se logra seguir alimentando un consumo creciente de energía per capita para una creciente cantidad de población (lo que ya es mucho), ¿qué sacamos en términos de bienestar si es que sacamos algo? ¿No continuaremos por la misma senda de esclavitud a la que nos llevó el carbón primero y luego el petróleo?

    El primer procedimiento que se le ofrece al hombre para producir más con un esfuerzo menor, es la utilización de fuentes naturales de energía; y es verdad que no se les puede asignar a los beneficios de este procedimiento un límite preciso, ya que ignoramos que fuentes de energía se podrán utilizar; pero esto no quiere decir que podamos tener dentro de esta vía perspectivas de progreso indefinido, ni que el progreso esté en general garantizado.

    Simone Weil
    Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión

Así comienza Lecciones sobre historia y energía. Sin duda los flujos energéticos y materiales de los ecosistemas humanos conectan directamente con su organización social. La termodinámica, el marxismo, el energetismo, la ciencia de la complejidad, la teoría de sistemas, han planteado diversas hipótesis acerca de esa conexión. Muchos de los temas que han ido apareciendo en los anteriores ensayos se contemplan ahora a la luz de la cuestión de la centralización y la especialización. El despliegue tecnológico es la continuidad de esa lógica: «Esto es lo que parece que nos prepara los albores del siglo XXI. A medida que aumenta la especialización social y su capacidad de procesar información, a medida que se hacen más dependientes de flujos de energía y materias primas, los centros de poder refuerzan su legitimidad bajo los dogmas de la democratización de las tecnologías, y similares. La ``sociedad del conocimiento'' es el nuevo rostro del Estado total, armado sobre la ignorancia de sus terribles efectos.»

Los Amigos de Ludd concluyen con unas Consideraciones finales que, tras analizar el significado social del consenso entorno al calentamiento global, plantean preguntas clave:

    Mientras avanzan a grandes pasos las estrategias de desarrollo a cualquier precio, el juicio al progreso no avanza, y la izquierda bienpensante transmite un confuso mensaje que sugiere que quizá el desarrollo no sea tan bueno, pero a la vez debería llegar a todos por igual. ¿Cómo hacer compatibles verdades tan dispares? [...] la contradicción viviente de combatir el fuego echando gasolina.

    [...]

    ¿Y qué ocurrió con el viejo sueño de controlar colectivamente las energías? O de manera más general ¿qué ocurrió con el viejo sueño de controlar colectivamente algo?

    [...]

    Por el momento, ¿qué otra cosa podemos hacer que provocar la reflexión en todos aquellos que quieran distanciarse aunque sea poco de esta realidad tan asfixiante?

Referencias

    Carsí, Alberto  (1937)   La riqueza minera de Cataluña.   s.c.: Editorial Maucci 

    Masjuán, Eduard  (1992)   Urbanismo y ecología en Cataluña.   s.c.: Madre Tierra 

Notas


[1]: Primeros pueblos es la autodenominación de las tribus de Alaska. No es de extrañar que incluso el lenguaje occidental excluya a estas tribus. Se les suele llamar indígenas cuando propiamente significa «originario del país del que se trata», como si los europeos no fueramos indígenas en Europa. También se les apela como primitivos y salvajes, con connotaciones evidentemente peyorativas, al estar alejados de una tecnología que ni siquiera desean.

[2]: Recientemente, Carlos Jiménez me comentaba que tras la disminución del área de influencia oficial de la central nuclear de Trillo, las fiestas de Brihuega, ahora fuera del área, vieron disminuir su presupuesto de forma ostensible, al dejar de entrar en el reparto de dádivas. Quizás fuera para bien: en las fiestas ahora siguen ocurriendo las mismas cosas que antes de la central, y han disminuido el despilfarro y los fuegos de artificio (en sentido literal).

 

* Mariano Vázquez. Artículo publicado en Biblioteca CF+S, CIUDADES PARA UN FUTURO MÁS SOSTENIBLE