Eva Aguilar es periodista. Su atracción hacia la ciencia empezó a finales de la década de los años 90, cuando trabajaba en el diario La Prensa de Panamá. Tras especializarse en periodismo científico, siguió trabajando como enlace entre el mundo de la investigación científica y el público no especializado. Desde hace varios años trabaja de manera independiente como colaboradora para medios de comunicación tradicionales y portales digitales en Panamá, el Reino Unido y España.

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Ida, ¿eslabón perdido?
29/05/2009 - Eva Aguilar

Me gustan mucho las historias. Y la de "Ida" me gusta particularmente. Sin duda ya saben de ella porque en las últimas semanas no ha hecho otra cosa que aparecer en los periódicos y en la televisión. Pero por si no lo tienen claro, les cuento: Ida es un viejo fósil de unos 47 millones de años, que sin embargo era muy joven (no tendría más de un año) cuando perdió la conciencia a causa de los gases que emanaban de un profundo lago de origen volcánico al que se acercó a beber en lo que hoy es el foso de Messel (Alemania), y cayó al agua ahogándose irremediablemente.

Esa es la historia que los investigadores que han analizado sus restos nos han contado para explicar como fue que esta pequeña hembra de un primate, que vivió en un ambiente tropical en la época eocénica, fue a parar al fondo del lago y se preservó en condiciones extraordinarias durante millones de años. En 1983 la rescató de allí alguien cuya identidad aún no ha sido revelada, pero que seguramente sabía que lo que tenía en sus manos era algo sumamente valioso, algo por lo que cualquier paleontólogo o experto en evolución pagaría por tener. Y eso fue lo que hizo Jørn Hurum, un especialista en fósiles que trabaja en el Museo de Historia Natural de Oslo, cuando un comerciante le ofreció los restos del primate durante una feria de minerales y fósiles en Hamburgo, en diciembre de 2006.

Aparentemente, el dueño del fósil pidió a Hurum y al Museo de Historia Natural de Oslo un millón de dólares por Ida, si bien el investigador reveló esta semana que el precio que finalmente pagó por ella fue 750 mil dólares. El peligro de adquirir fósiles de manera casi clandestina, es que muchos de ellos son falsos. Por lo tanto, Hurum sometió al fósil a un examen de rayos X que indagó en el interior de sus huesos y con el que se comprobó que era real. La compra de Ida en semejantes términos ha despertado la indignación de miembros de la comunidad científica, que alegan que su adquisición sienta un terrible precedente porque estimula aún más el mercado negro de fósiles. Hurum se ha defendido diciendo que su prioridad era ganarla para la ciencia, antes de que volviera a perderse en manos de algún coleccionista.

El nombre científico de Ida es Darwinius masillae, y es, en toda su pequeña extensión, una verdadera maravilla. Es el fósil de un primate más completo y mejor conservado que se ha encontrado hasta ahora. Los científicos esperan que pueda decirnos muchas cosas acerca de nuestro pasado como especie y en el estudio descriptivo realizado en secreto durante los últimos dos años, su mayor motivación era encontrar en él un elemento que pudiera vincularlo a la rama de primates que evolucionó en los antropoides (monos, simios y humanos). La otra rama que evolucionó de los primates más primitivos es la de los prosimios, entre los que se encuentran los lemures, esos pequeños mamíferos de cola larga y ojos saltones.

Pero, ¿es Ida el eslabón perdido entre los primates primitivos y los humanos, o está mucho más emparentada con los lemures? Los investigadores encontraron que Ida carece de dos elementos distintivos en los lemures modernos: unas garras muy largas que utilizan para su limpieza y una secuencia de dientes muy finos en la parte frontal de su dentadura. Sin embargo, en el artículo científico, se cuidan mucho de colocarla en la rama de las antropoides, si bien consideran que debe ser considerada seriamente como un representante de los primeros primates y la página de internet que se ha creado para celebrar su presentación al mundo lleva el nombre de “el eslabón”.

Una de las cosas que me llamó la atención cuando finalmente se dio a conocer el descubrimiento, es que, siendo un acontecimiento tan importante para la paleontología, el primer artículo científico sobre Ida no fuera publicado en Nature o en Science, sino en PLoS One, una nueva revista especializada de formato electrónico y acceso libre, cuyo propósito es acelerar la publicación de resultados científicos. La razón puede deberse a que, aunque sus descubridores quieren pensar que Ida es el eslabón perdido, y así nos lo están vendiendo, sus características de lemur tienen a una gran tropa de paleontólogos argumentando que al pequeño fósil le falta todavía mucho por revelar antes de encontrar su verdadero lugar en el árbol de la vida. Y creo que ni Nature ni Science se atreverían a publicar lo que ha sido la primera descripción del fósil, sin suficientes pruebas aún para establecer un resultado contundente.

Eso no quita que Ida me tenga completamente fascinada. Después de haber estado 47 millones de años protegida por las excepcionales condiciones ecológicas del foso de Messel y otros 23 años preservada con resina en un cajón, en realidad su viaje en el tiempo acaba de empezar. Y si su presentación en sociedad ha sido tan espectacular, es porque ha sido capaz de generar todas las reacciones que se esperarían de un buen descubrimiento científico: asombro, emoción, cautela, controversia, y mucha, mucha conmoción.

(Foto: PLoS One)


 

Jorge Juan TV

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