
Conocer nuestras riquezas naturales y comprender su importancia y el papel que éstas juegan en el desarrollo de las sociedades, es un primer paso que la humanidad debe tener en cuenta al momento de abordar un tema como el descrito en el texto La Destrucción de la Naturaleza, de Carlos Vázquez Yanes y Alma Orozco Segovia, libro en que los autores manifiestan su gran preocupación sobre el estado de los recursos naturales de México, en especial aquellos que con el transcurrir del tiempo y debido a la intervención del hombre se han visto afectados hasta tal punto que su extinción es casi inminente: “... ya son pocos los lugares en los que no se presente la influencia de algún agente ambiental inducido por el hombre que esté causando una gradual modificación y empobrecimiento de las comunidades naturales” ; la acción antrópica, por razones de subsistencia e inmersa bajo el influjo de un sistema que la obliga a producir y a no escatimar el uso de lo que le proporciona el medio natural en que se halla sumergido, acaba de forma acelerada y descontrolada las diferentes materias que le proporciona la Tierra, pues su interés por conseguir más bienes para el consumo le enceguecen e imposibilitan ver la magnitud de cada acto llevado contra la naturaleza.
El malestar es general, aves, plantas, especies endémicas, ambientes naturales como los páramos, selvas, humedales, bosques, entre otros, se encuentran en peligro; dos son los factores que se podrían llegar a enunciar frente a este conflicto, “la sobre explotación de los individuos de cada especie y la destrucción de su hábitat natural... además de la introducción de nuevos organismos competidores o predadores en las comunidades, la introducción de nuevas enfermedades y parásitos, la eliminación de otras especies que efectúan alguna función importante como servir de alimento, polinizar las flores, dispersar las semillas, etc. Finalmente, la reducción y fragmentación de la población genética, con la consecuente disminución de la adaptabilidad a los cambios y por lo tanto de su potencialidad para sobrevivir al efecto de las alteraciones del ambiente” ; todos estos factores, ejercerán influencia sobre el medio natural y su destrucción y nuevas formas de funcionamiento, no se harán esperar. Ante esto, nos encontramos entonces frente a medios creados por el hombre, adaptados a las necesidades de producción, consumo y deterioro acelerado de los mismos, espacios artificiales que no son más que el intento de los individuos por volver a un estado ya perdido debido a su inconsciencia y a la satisfacción momentánea de sus necesidades más inmediatas que condujeron, a que lo que otrora se poseía en grandes cantidades, ahora no goce más que del recuerdo y pequeñas presencias de aquello que fue y que ya no existe.
La situación de México, no es otra cosa más que el proceso por el que pasan la mayoría de países latinoamericanos y todos aquellos rotulados bajo el concepto de naciones emergentes o, como se nos conoce, países subdesarrollados en intento por alcanzar el mínimo de los desarrollos y adelantos del primer mundo. Se requiere de alternativas que posibiliten pensar en una salida a estos problemas ambientales que se presentan en nuestras sociedades; ante esto, las llevadas a cabo por los ecologistas mexicanos se aproximan y son en realidad una muy buena herramienta que sirve de brújula para lograr contrarrestar el problema medio ambiental de nuestros países: “1) creación de áreas protegidas, 2) explotación conservacionista de los recursos naturales, 3) bancos de germoplasma, 4) emisión de leyes y reglamentos para proteger la naturaleza, y 5) acciones educativas que formen una nueva mentalidad con respecto a nuestra relación con la naturaleza” . Sin embargo, es frente a esta última acción donde debemos centrar muchísimo nuestra atención, sobre todo si reconocemos las deficiencias que nuestros sistemas educativos poseen, ante todo en lo que a educación ambiental se refiere, tema para el cual no existe la suficiente preparación y los maestros sentimos ajeno a nuestro quehacer en la escuela, pero al que debemos estar dispuestos a abordar y tener respuesta, pues es en la educación y a partir de lo que en ella hagamos, donde se podrá generar un ciudadano respetuoso de sí mismo, de su entorno y ante todo de la naturaleza, los recursos que ésta le ofrece y de la cual nos debemos sentir como un elemento integrador y activo.

Frente al problema ambiental, la escuela se convierte en un muy buen elemento que permite pensar en una salida articulada y de gran proyección para promover un cambio de actitud y responsabilidad en los individuos. El reto entonces, es el de construir un currículo cuyo eje principal esté transversalizado por la educación ambiental, vista no como un área aislada del conocimiento, sino como un articulador que potencie el diseño de proyectos y desarrollo de habilidades en los estudiantes, el maestro y la comunidad académica en general.
Un principio fundamental en la educación ambiental debe establecer que “el medio no es solamente algo que hay que conocer y explotar, sino también una compleja red de interacciones que el hombre debe conservar” para lograr de esa manera un equilibrio que permita pensar en el buen desarrollo social y ambiental del mundo. Se propone entonces que la educación ambiental no estudie al hombre de manera aislada de su contexto natural y que contrario a ello se logre tener claridad que estamos inmersos en un sistema que funciona mancomunadamente a partir de la relación-interacción e interrelación de los individuos consigo mismo y con el entorno al cual pertenecen, en donde no se puede “eludir el hecho de las interdependencias existentes entre la naturaleza y la sociedad humana” .
Durante muchísimo tiempo, los seres humanos creyeron que los sistemas naturales condicionaban los comportamientos y relaciones de éstos con el medio A ello le denominaron determinismo natural. El sometimiento del hombre a los múltiples fenómenos que se dan en el entorno, y de los cuales él se considera ajeno, fueron creando una dinámica en la cual las sociedades se organizaban según las condiciones del medio y los cambios que éste pudiera presentar; sin embargo esta concepción se verá refutada cuando los individuos noten que sus acciones generan otros tipos de procesos sobre la naturaleza y de los cuales se puede sacar el mejor provecho para la satisfacción de las necesidades del momento y para propiciar relaciones con otros grupos humanos con un carácter de producción y venta de lo que se genere en ella. Será allí donde “la naturaleza se presenta como desprovista de una dinámica propia, como indiferente a la intervención humana, como algo a lo que hay que dominar con el trabajo, con lo que hay que luchar para conseguir como sea las riquezas que atesora” , dándose de esta forma un nuevo orden en la naturaleza, la cual será vista como parte de los dominios del hombre, dominio que traerá consigo “desastres y descompensaciones ecológicas que se han denominado problemáticas ambientales” , las cuales deben ser estudiadas y solucionadas de forma rápida so pena del agravamiento y desorden de éstas.
Desde la escuela —espacio socializador y motivador del debate y la reflexión— se debe propiciar una conciencia y la acción de la comunidad en torno a programas orientados a dimensionar la problemática ambiental de manera que los efectos que hoy nos aquejan logren ser contrarrestados con conductas en los individuos de respeto y solidaridad para con el medio ambiente, y con proyectos que organicen a las personas en torno a la minimización del deterioro de nuestros sistemas naturales. Para ello se hace de vital importancia comprender las diversas dinámicas sociales que se dan en el complejo mundo y las tendencias que fomentan la primacía de la producción de bienes de consumo sobre las riquezas existentes.
Se propone entonces, abordar aspectos tales como: las estructuras políticas y la aplicación de éstas por parte de países monopolizadores de sistemas de producción a gran escala. Evaluar programas de conservación del medio ambiente por parte de las organizaciones económicas del mundo y sus implicaciones para los países cuya técnica y economía se sustentan en producciones primarias que proporcionan un cubrimiento mínimo para la satisfacción de necesidades básicas; así mismo, es importante evaluar cómo la ejecución de proyectos, trazados desde los intereses de quienes controlan procesos de desarrollo a nivel global, afectan de manera directa la estabilidad y el orden de comunidades que intentan involucrarse y ser cada vez más competitivas frente a las exigencias del mercado, viéndose por demás obligadas a hacer un uso irracional de sus bienes naturales a riesgo del desequilibrio y la extinción de éstos; se debe igualmente hacer un inventario sobre los múltiples recursos existentes, sus formas de reproducción, su importancia para el medio, las condiciones en las que se desarrollan, los riesgos a los que son sometidos, los programas que se deben aplicar para su mejor conservación, y las tendencias que se originan por la necesidad de consumo de éstos y el deterioro por el que puedan o estén pasando.
Teniendo conocimiento y comprendiendo cada uno de los aspectos anteriormente enunciados, es posible pensar en generar a partir de allí una cultura ambiental que se fortalezca en la escuela y proporcione herramientas a la comunidad escolar para pensar que su campo de acción no sólo se debe limitar a lo institucional, a la transmisión de conocimientos y conceptos, sino que también debe abrirse a otros ámbitos en los que interactúe con los demás entes sociales y construya con éstos una conducta de solidaridad con el otro y el entorno; “para nuestra civilización es tradicional la visión de que el mundo natural, plantas, animales y otros recursos, han sido creados para nuestro uso y beneficio y no tienen en sí otro valor que el que nuestra sociedad les atribuye. Por eso es tan importante que la educación tenga un profundo contenido científico, ya que cuando se entiende el funcionamiento de la naturaleza, el estrecho vínculo que guardan entre sí los seres vivos, el mundo inorgánico y nuestra propia existencia y posibilidades de sobrevivir, se comprende finalmente el valor intrínseco de todos los seres vivos y se aprende a respetarlos” .
Así pues, este texto se convierte en una invitación a fortalecer la tarea que tienen los educadores del mundo de articular las diversas áreas del conocimiento y de forma interdisciplinaria, lograr generar propuestas pedagógicas que centren su atención en el conflicto que se da frente a los usos dados a los recursos naturales.
El ejercicio es complejo, requiere de muchos sacrificios pero ante todo de compromiso, de explorar y proponer nuevas técnicas para la enseñanza, en donde lo ambiental no quede de lado sino que por el contrario, se convierta en el interés de todos aquellos que se relacionan con el campo educativo; se requieren de políticas que logren convocar al conglomerado para que de manera conjunta, en la escuela-comunidad se organicen acciones que propendan por el bienestar y disfrute de los recursos naturales sin detrimento de la calidad de vida de la población y del mundo.

Silvia Révora

Dolores Padierna

José Luis Sanchís










