Príncipe Pío: La tumba de los héroes

La montaña del Príncipe Pío está teñida de historia. La violencia marcó su inicio en los tumultuosos días del levantamiento de Madrid contra los franceses. En ese lugar fueron fusiladas 43 personas en la noche entre los días 2 y 3 de mayo de 1808. Españoles, hombres y mujeres, sublevados contra la invasión. Francisco de Goya plasmó la masacre en el lienzo titulado "Los fusilamientos del 3 de mayo en la montaña del Príncipe Pío". El escenario que recrea es una zona arenosa que se encontraba a las afueras de Madrid junto a los muros construidos para la ciudad en la época de Felipe IV.
En la época allí se emplazaba, principalmente, la dehesa de la Florida. Esta finca pasó desde su creación por muchas manos. Entre 1613 y 1664 tuvo siete propietarios (cuatro nobles, un obispo, la Compañía de Jesús y Francisco Moura, conde de Luminares). Moura transformó la villa en una zona elegante donde construyó un palacio repleto de de tapices y cuadros. En 1675 la propiedad la heredó su hija Leonor y, posteriormente, a su hermana Juana, casada con el príncipe Pío de Saboya. Esta es la razón por la que se denomina así al lugar.

En 1792, la finca fue vendida a Carlos IV mientras que la familia del príncipe conservó las casas de la plaza de los Afligidos (hoy Cristino Martos) y con la capilla de Nuestra señora de la Concepción, llamada popularmente Cara de Dios. En 1799 se creó dentro de la finca un cementerio para los trabajadores de la posesión. Fue entonces cuando se colocó una cruz, que aún se conserva, y se comenzó a enterrar a su alrededor.
Como la finca era enorme y lindaba con la ciudad, permitía que en su interior hubiese un tráfico ilegal de carne que se saltaba los aranceles de la Villa. La Casa Real ordenó entonces crear un servicio de vigilancia permanente que se incrementó hasta catorce escopeteros en la época del Dos de Mayo. Con la entrada del ejército de Napoleón, se convirtió en un enclave militar galo bajo la supervisión del mayordomo mayor del Rey, el duque de San Carlos.
 

Fusilamientos

Durante la sublevación, decenas de madrileños rebeldes o armados fueron llevados a La Florida y fusilados. El duque de Berg ordenó que no se retirasen los cadáveres, pero el día 12 fue fueron retirados con el pretexto de que había que continuar con las obras de una mina cubierta cercana. Finalmente, la Junta Suprema de Gobierno permitió el traslado al cementerio y su inhumación. Después del conflicto se urbanizó la zona construyendo en 1860 el enorme cuartel de la Montaña de Ángel de las Pozas y los jardines anexos.

También se crean los paseos de Ferraz y Pintor Rosales. En 1936 se vive en el cuartel uno de los episodios más cruentos de la Guerra Civil en Madrid ya que allí se hicieron fuertes los sublevados (el ejército franquista) de la ciudad. Fue bombardeado y derribado años después para crear un enorme parque y una zona deportiva. Poco después se instaló allí el Templo de Debod.
Esta construcción egipcia del siglo IV antes de Cristo fue regalada en 1968 por el Gobierno de dicho país a España en agradecimiento a la labor arqueológica española en "La Campaña de Nubia" para salvar numerosos templos faraónicos, sobre todo de la zona de Abu Simbel, en peligro por la construcción de la presa de Asuán. Su núcleo más antiguo fue erigido bajo el rey egipcio Ptolomeo IV Filópator, y decorado posteriormente por el rey nubio Adikhalamani de Meroe hacia 200-180 aC, dedicado a Amón de Debod e Isis. Posee importantes añadidos de época ptolemaica y romano-imperial (del siglo I aC al II dC).
La Iglesia de San Antonio de La Florida fue la tercera oportunidad de un suelo dedicado a la Iglesia que sufrió dos derribos durante el siglo XVIII.  Así, la iglesia primitiva, de Churriguera, fue sustituida por otra de Sabatini y ésta, a su vez, por una tercera que ya sería la definitiva. El último traslado de la iglesia se originó a causa de las obras del nuevo palacio de La Florida.

 

Nueva ermita

Por orden del rey, de 1792 a 1798 el arquitecto Felipe Fontana construyó la nueva ermita, y Francisco de Goya la decoró con magníficos frescos. El cementerio de la Florida se convirtió en dependiente de esta iglesia. En su libro parroquial se cita el entierro de los héroes del Dos de Mayo con la siguiente frase: "3 de mayo: Españoles alcabuceados por franceses".
Para garantizar la conservación de sus pinturas, el edificio fue declarado Monumento Nacional en 1905 y más tarde, en 1928, se construyó a su lado una iglesia idéntica, para trasladar el culto y reservar la original como museo. Para entonces, esta capilla era además panteón conmemorativo del artista aragonés, pues en 1919 se habían trasladado aquí sus restos, traídos desde Burdeos, donde había muerto en 1828.
También se creó en la zona uno de los nudos de comunicaciones más importante de la ciudad: la estación del Norte, conocida actualmente como la de Príncipe Pío. Fue construida como terminal en Madrid de la línea General del Norte o Imperial (Madrid-Irún) perteneciente a la antigua Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, creada en 1858 para satisfacer la línea ferroviaria Madrid-Irún. La nueva línea pretendía proporcionar carbón del norte para el incipiente desarrollo industrial de la capital, así como otros alimentos frescos. La línea Imperial, como también se le conoce, uniría Madrid con Irún pasando por Ávila, Medina del Campo, Valladolid, Burgos, Miranda de Ebro, Vitoria y San Sebastián; y con los años se convertiría en la espina dorsal de las comunicaciones férreas del norte de España, papel que aun hoy mantiene.
En el diseño del trazado fue muy polémica la entrada a Madrid. La necesidad de descender hasta el valle del río Manzanares ya obligó a trazar una gran curva en las inmediaciones de Aravaca y Pozuelo de Alarcón (poblaciones al oeste de Madrid), y la imposibilidad de poder remontar el fuerte desnivel con el que la ciudad se asoma al río obligó a recurrir a una estrecha franja de terreno para la construcción de la estación. El terreno elegido se encontraba a los pies de la Montaña del Príncipe Pío. Se criticaba lo angosto de la localización porque era imposible de ampliar la estación en caso de necesidad.

Estación obsoleta

La construcción de la línea comenzaría en 1856, mientras que la de la estación no empezaría hasta 1859. El proyecto corrió a cargo de ingenieros franceses. Fue ampliado y redistribuido en 1876. En 1928 se construyó un segundo edificio de viajeros y  en 1925 un ramal de la línea 2 del Metro de Madrid de la ciudad que unía la estación con la estación de Isabel II. Tras la Guerra Civil la estación quedó muy dañada. El Estado tuvo que rescatar la red ferroviaria surgiendo un ente público y estatal, RENFE, que desde ese momento se encargaría de la gestión de la red férrea de España. Durante estos años la estación se convertiría en la segunda terminal de la ciudad tras Atocha.
Su periodo de esplendor concluyó con la nueva Estación de Chamartín, construida en 1967 al norte de la ciudad como cabecera de la nueva línea directa Madrid-Burgos. La vieja estación quedaba desplazada del eje fundamental que ahora pasaban a formar Atocha y Chamartín con el túnel que las unía, y ya en 1976 todos los servicios habían sido trasladados salvo los trenes de Cercanías. En 1979 recuperó parte de su actividad al acoger los trenes que se dirigían hacia Galicia. En 1990 se cierra definitivamente y se transforma en un intercambiador de transportes de Metro, autobuses y cercanías. En 1995 se vuelve a abrir al público con la denominación de Príncipe Pío. En 2007 se terminó una nueva obra que convirtió el intercambiador en subterráneo.
Texto: Enrique Villalba/ Fotos: MDO