Natalie Portman en un fotograma de 'Jackie', de Pablo Larraín
Natalie Portman en un fotograma de 'Jackie', de Pablo Larraín (Foto: BDI)

Jackie Portman Kennedy: ¿quién escribe la Historia?

Se estrena la cinta del director chileno Pablo Larraín y protagonizada por una excepcional Natalie Portman sobre la ex primera dama estadounidense Jackie Kennedy.

JACKIE

Director. Pablo Larraín
País. EEUU
Guión. Noah Oppenheim
Música. Mica Levi
Fotografía. Stéphane Fontaine
Intérpretes. Natalie Portman, Peter Sarsgaard, Billy Crudup, John Hurt, Greta Gerwig, John Carroll Lynch, Richard E. Grant, Max Casella, Beth Grant, Caspar Phillipson, Julie Judd, Sara Verhagen, Sunnie Pelant, Hélène Kuhn, Deborah Findlay, Corey Johnson

Sinopsis. Película sobre la ex primera dama estadounidense Jacqueline Kennedy, centrada en los días inmediatamente posteriores al asesinato de JFK, en Dallas, el 22 de noviembre del año 1963.

La historia la escriben los vencedores. O no. Pero lo cierto es que los recuerdos terminan siendo más reales, más palpables, que el propio pasado; y esos retazos que se convierten en historia no son más imágenes o relatos contados por alguien. Jackie Kennedy quiso escribir la historia de su marido, el 35 presidente de EEUU asesinado de un disparo en Texas el 22 de noviembre de 1963, asegurarse del color, el olor y la forma del poso de su legado. Ahora, el inesperado y brillante tándem formado por Pablo Larraín y Natalie Portman se ha propuesto contar a Jackie Kennedy. Y lo hacen desde una perspectiva intimista, tejiendo la narración desde dentro de la propia Jackie: no se cuenta una historia, sino un sentimiento que marcó la Historia.

Jackie se centra en los tres días siguientes al asesinato de JFK. La entrevista que Jackie Kennedy concedió al periodista de Life Teddy White una semana después del magnicidio sirve de esqueleto a la trama, que va y viene para mostrar los estados de ánimo de la protagonista. La viuda de América quería contar su versión de la historia, calculada, siendo consciente de la importancia de la imagen pública y, quizás, del icono popular en el que estaba a punto de convertirse. Y el espectador asiste a la visita al pasado que hace Larraín, con una inevitable lectura subjetiva, pero tan realista y probable que cala a este lado de la pantalla. Puede que los acontecimientos no ocurrieran exactamente como el director los cuenta, pero la introspección en el personaje y el inmenso trabajo de una Natalie Portman en el que es, probablemente, el mejor trabajo de su carrera hasta la fecha, hacen que la historia de Jacqueline Kennedy Onassis sea y la de Jackie.

El cineasta chileno (Neruda, El Club, No) se lanza a su primer trabajo en la industria anglosajona y a su primer personaje femenino. Acostumbrado a descifrar la psique de sus criaturas rozando terrenos desagradables e incómodos, con Jackie se llena de luz. La cinta no es un biopic al uso, puesto que no pretende filmar una biografía, sino un cambio vital rápido y contundente, producido por un shock y contado a través de las emociones más que de la acción. Abusa de manera inteligente de los primeros planos, quiere que seamos Jackie Kennedy, y terminamos efectivamente atrapados en ella.

En el logro, sin duda, tiene mucho que ver una impecable Natalie Portman (Star Wars, V de Vendetta, Cisne Negro): su gestualidad, su expresión facial y corporal, una perfecta impostura en la voz y una elegancia innata que resultaba indispensable para meterse en la piel de la ex primera dama estadounidense, una gesta que requiere valentía. La enorme capacidad interpretativa de Portman se evidencia más que nunca a las órdenes de Larraín –y eso que la actriz ya puede contar algunos otros papeles memorables- y su Jackie la coloca en la ‘pole’ de cara a la próxima gala de los Oscar.

No es un bipoic al uso: no se cuenta una historia, sino un sentimiento que marcó la Historia

El guión, pese a no arriesgar demasiado agarrándose al formato entrevista y a algunos bajones recuperables, sabe crear el suspense necesario para mantener el interés del espectador: los saltos hacia delante y hacia detrás, creando la inevitable expectación morbosa en torno al momento justo del disparo. Las confesiones de Jackie a un reverendo, la política, la organización de un funeral ‘al estilo Lincoln’ en medio de la confusión y el miedo, la importancia de la imagen, de la apariencia, de los símbolos, las dudas de una madre, de una viuda, de una primera dama, de una mujer.

Otro de los puntos fuertes de la cinta es una exquisita dirección de producción. Larraín reproduce al milímetro algunos de los pasajes que son fondo documental de la historia: la visita de la televisión a la Casa Blanca conducida por una sonriente Jackie –la perfección hecha carne-; el descapotable, trozos de cráneo sobre el maletero; la primera dama bajando del avión junto al féretro de su marido y con las manchas de sangre aún en el vestido; luto; la comitiva acompañando el ataúd…

Mención especial merece también la música. Violines y violonchelos incisivos, violentos a ratos, que ayudan a entrar en el viaje de Larraín, Portman y su Jackie. La Jackie de la historia.

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