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Un mundo al revés y sin democracia
24-11-2011

Un mundo al revés y sin democracia
Nino Olmeda

Los resultados electorales del pasado 20 de noviembre, además de reflejar que las gaviotas azules inundan el cielo político y que los socialistas del PSOE se encontraron en las urnas de todo menos votos, abren una vía de esperanza en la lucha contra el bipartidismo que todo lo contamina. Más allá de la interpretación que cada cual hace del nuevo mapa político de España, lo más curioso es que las respuestas de los dos grandes partidos se parecen  más a decisiones de empresas, no políticas, que poco tienen de ver con la democracia.

Es verdad que en unos partidos es más descarado que en otros el abuso del dedo y del poder para seguir mandando. Cuando todo el mundo podía esperar que alguien se hiciese responsable del fracaso del PSOE en la Comunidad de Madrid, la respuesta del secretario general de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, es que el batacazo en la región no se debe a nadie conocido, al menos no suyo. Pide acertadamente primarias y que el sustituto de José Luis Rodríguez Zapatero sea elegido por todos los afiliados y no por un grupo de directivos iluminados. No se atreve a pedir algún gesto concreto al candidato que fracasó en el intento, Alfredo Pérez Rubalcaba, por la pérdida de votos, la mayor desde los años de la transición. No lo hace, porque algunos podrían pedirle que se aplique la misma terapia porque, como candidato a la Presidencia de la Comunidad de Madrid patinó y como secretario general del PSOE de Madrid, algo que tendrá que ver con el hecho de que sólo en Fuentidueña del Tajo y Navarredonda no ganó la derecha el 20-N. En el PSM nadie se va, a pesar de la debacle electoral, y en el PP, que se llevó la victoria, echan a Francisco Granados de la Secretaria General del partido presidido por Esperanza Aguirre.

Dicen que los estatutos de este partido indican en alguno de sus apartados que el jefe puede echar a sus directivos cuando le venga en gana y sólo alegando falta de confianza. Ya se sabe que el Comité Ejecutivo puede votar, o no,  la propuesta de la jefa, Aguirre, en este caso, pero la gran mayoría pensará que si todo depende de caer en gracia o en desgracia al que manda, para qué dudar del mandamás, no sea que tenga más dudas y el cese de Granados se convierta en una tira de cesados. Las formas fallan y aunque Granados llegó al cargo con las mismas normas que le despiden, lo lógico habría sido aplicar el mismo artículo cuando Aguirre optó por no hacerle consejero después de los comicios autonómicos de mayo, si ya entonces no le caía en gracia, y lo razonable, que el cesado hubiese explicado el por qué de tanto por qué, en vez de decir que está encantado de que le echen. Parece el dibujo de un mundo al revés, donde nadie se va por los fracasosy echan al que ayudó a la victoria.

Parece ser que en ese universo la democracia no es la señal de vida ni el oxígeno que podría impedir que se ahogue la clase política dominante en sus propios éxitos, o vómitos.

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