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Antonio Alcamí estuvo tres semanas trabajando en una zona protegida de la isla Livingston junto con su colaborador Alberto López Bueno y otros científicos que participan en el proyecto: Antonio Quesada y David Velázquez. Aunque en esta zona no se permite ningún tipo de construcciones, recibieron los permisos para establecer un pequeño campamento, incluido el laboratorio. Desde el campamento, el equipo de científicos tardaba una hora en llegar al lago del que extrajeron más de 400 litros para analizar. “Antes de salir, cargábamos una especie de trineo con todo el material científico necesario. Una vez en el lago, pasábamos el día entero trabajando a la intemperie, muestreando. Ya por la tarde, regresábamos al campamento para trabajar en el laboratorio, filtrando y procesando muestras”, relata el biólogo. En total extrajeron 450 litros de agua que analizaron en los laboratorios del CBM de Madrid. “Cogimos lo máximo posible”. En esas labores de extracción, tuvieron que perforar el hielo del lago con un taladro para alcanzar el agua líquida.





































