martes 27 de julio de 2010, 00:00h
Actualizado: 03/08/2010 08:45h
Siendo de Madrid dicen las estadísticas que el amor dura poco, que nuestra ciudad lo ahoga y la convierte en la que menos parejas prosperan y donde hay mas numero de divorcios y los matrimonios son de mas corta duración...
Pero es que siendo de Madrid, somos los que mas presión aguantamos; y es que, estando aquí, debemos competir mas que nadie en todo porque están todo lo mejor y los mejores, donde van como destino final los ejecutivos de empaque, grandes empresarios, políticos de renombre, catetos como nadie; o los aspirantes a olvidar pasados... todos quieren estar aquí.
Cuando sales de manera prolongada de nuestra ciudad, esa que tanto nos agota y roba tiempo, nos merma en energías y a la que culpamos de todo... ¡pues estamos locos por volver a ella!, por sentir rapidez en todo, por escuchar nuestra radio viva y activa, publicidad actual; por esos camareros, chulos como todos nosotros, que con solo mirarles te entienden. Ese trafico lleno de “listos” que no paran de hacer pirulas pero que logran, todos logramos, que ocurra el milagro y se mueva el gran caos, a pesar de visitantes, triunfos de fútbol, obras, alcalde, manifestaciones y demás trabas que no cesan en el día a día de nuestra capital.
Cuando salgo y regreso, adoro nuestra sorna chulesca, el amor propio, la fuerza de lucha que va con nuestro carácter, ese que no apreciamos cuando estamos todos juntos pero que cuando nos movemos de nuestro nido, no amalgama en absoluto con el resto.
Siendo de Madrid siempre se esta al día en todo, ocurren muchas cosas. La inteligencia se desarrolla en rapidez asombrosa. Solo aquí todo se habla con ironía, todo se guerrea y nos gusta... nos encanta esa pelea sea con quien sea.
En Madrid se viste bien sin ser Domingo, el estilo vive a pie de calle, los tacones son la norma; se lucha por ser tan altos e imponentes como las cuatro torres, esas que brillan desde lo alto de la carretera de la Coruña, o desde tan lejos como Chapinería.
Y es que siendo de Madrid tal vez el amor no nos dure nada, tal vez el corazón no aguante , quizás debamos pensar en irnos a vivir a sitios mas lentos y tranquilos, pero para alguien como yo, que mi tatarabuela la parió, trabajando, a la madre de mi abuela, en la vieja fabrica de tabacos que habia en la glorieta de Embajadores, ser de Madrid es mas que una casualidad... ¡es una suerte y un privilegio!