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Se afirma que estas reformas se hacen para beneficiar al peatón. Pero el resultado demuestra que acaban siendo contra el peatón. ¿Quién va a estar en una plaza a 45 grados al sol, como marcaba el termómetro el lunes por la tarde, sin sombra y con esas bancadas? Se está echando descaradamente al paseante de los pequeños pulmones verdes que tenía Madrid. Esta reforma de la plaza de la Cortes es, posiblemente, de las más espantosas en los últimos años. Y eso que es difícil establecer diferencias entre destrozos como la Puerta del Sol, plaza de Vázquez de Mella, la de Ramales, la de Chueca, Callao o la de Santo Domingo. Por cierto que esta última –proyecto estrella de la pasada legislatura- muestra un grado de deterioro francamente preocupante. Además, es el gran urinario del centro madrileño. Los regueros de meados y el olor a pis son nauseabundos. Como en tantos rincones, por otra parte.
No cesa esta destrucción masiva del Centro con la plaza de las Cortes. Se han liberado ya algunos metros de la plaza de Isabel II (Ópera) con la nueva entrada al suburbano. Por lo que ya se ve, esta obra va a ser de las que pasará –presumiblemente- a los anales de los destrozos. Francisco Herrera y su Fundación para el Progreso de Madrid necesitarán más espacio para su lista anual de horrores urbanísticos. Le pediría que añadiera un escalafón con los arquitectos que firman más horrores de este tipo.
Al hilo de esta reflexión sobre la plaza de las Cortes, me viene otra que pone los pelos de punta: Álvaro Siza firma también el proyecto Prado-Recoletos. ¡Dios quiera que me equivoque, pero el bosque de plátanos de ese paseo puede tener los días contados! La piedra granítica, el gris, amenaza a ese gran pulmón histórico. Va siendo hora de decir ¡basta!




































