Nunca valoraremos lo suficiente el trabajo de nuestros políticos. No solo se ocupan de gestionar de forma eficaz nuestros impuestos; también lo hacen de la forma más notoria posible, para que sepamos lo acertados que estuvimos al haberlos 'colocado' donde están con nuestros votos y no nos olvidemos de volver a hacerlo cuando llegue el momento. Lo que resulta fascinante es la creatividad y el empeño que ponen en esta tarea comunicativa, llegando a inventarse un término nuevo casi cada día para enriquecer, de paso, nuestro patrimonio lingüístico.
Por ejemplo, para evitar términos tan desagradables como ‘privatización’, ya no vale recurrir al clásico ‘externalización’, porque el público ha terminado por desenmascarar el concepto ‘oculto’ a fuerza de escucharlo. Así que los gobernantes madrileños se han lanzado en los últimos meses a una tormenta pública de ideas para sustituirlo por otro más ‘amable’. El resultado no puede ser más fructífero: unos hablan de ‘gestión mixta’, otros de ‘gestión indirecta’ y los más audaces de ‘colaboración con lo privado’.
Otros casos más aislados, pero igual de creativos, aparecen de vez en cuando en las notas de prensa oficiales. Así, un día nos enteramos de que en Madrid las operaciones quirúrgicas no se aplazan, sino que se reprograman; de que aquí hay dos clases de ciudadanos, los madrileños de origen y los nuevos madrileños; de que tal o cual acto público se ha desconvocado, que no cancelado, y de que existe el ‘sinhogarismo’. Esta última palabreja, muy en boga, no parece designar, a pesar de lo que diga el diccionario del uso de ese sufijo, un movimiento, escuela o doctrina, cuyos adeptos serían los ‘sinhogaristas’; tampoco una actitud, ni, creemos, una actividad deportiva. Debe de tratarse, entonces, de la acepción número 4: un nuevo término científico.
Caso aparte son los eufemismos ‘sociales’, cuyo punto culminante, por suerte ya superado, llegó con la fiebre de las siglas para designar a algunos colectivos: las PMR (personas con movilidad reducida) o las PSH (personas sin hogar). Ahora se prefiere referirse a ellas con la ‘persona delante’: 'personas con discapacidad', 'personas con diversidad funcional' o 'personas de origen extranjero', opciones defendidas por muchos colectivos sociales.
Probablemente, hoy por hoy, sea la opción más útil para acabar con las etiquetas. Pero se me ocurre que en un futuro ideal, libre de prejuicios, quizá se normalicen de nuevo palabras como ‘discapacitado’ o ‘inmigrante’, al igual que ya no pasa nada por hablar de ‘homosexuales’, por poner otro ejemplo. Eso significará que ya no será necesario recordar que son, por encima de todo, personas.
Comentarios de los lectores
Enviado por: Eugenio / 09-03-2009 10:53
Es de agradecer, siempre, y más en estos tiempos de inquebrantable fidelidad al pesebre, la independencia y el aire fresco que rezuma tu artículo; felicidades.
Me ha gustado, me ha llamado la atención, la utilización de conceptos metalingüisticos para dar una opinión sobre cuestiones sociales.
Enviado por: Flor / 07-03-2009 13:01
Da gusto leer artículos claros y sin componendas mediaticas. El mundo del periodismo hoy en día pertenece a los que escriben por "alguien" y a los que escriben por sí mismos.
Ánimo Celia, continúa así.
Enviado por: Esteban / 06-03-2009 19:03
Estamos en la era del reciclaje, recuperar palabras y escritos de la basura, mezclados con otros componentes,al final obtienes "Palabras basura" que es lo que en realidad creamos.
Muy bien Celia.
Enviado por: Santiago Diaz / 06-03-2009 16:22
que par de bemoles, eso que has escrito, creo que es una verdad del tamaño del mas alto monumento, pero te auguro un mal futuro en el periodismo, por decir tantas verdades aplicables a cualquier municiopio de España, con la panda de ladrones que hay de todos los partidos sin excepción, pero adelante si todos ponemos un poquito acabaremos con esta lacra
Enviado por: Águeda / 06-03-2009 15:33
!Cuánta razón tienes Celia!. Estupendo artículo de opinión, claro y contundente.Un saludo de Águeda