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Pedro Ortiz Rey y su hermano Santiago junto a Jesús López-Terrado son los encargados de que el mecanismo esté perfecto para el gran momento. Si mientras toman las uvas en sus casas ven alguna vez tres siluetas dentro del reloj son estos tres profesionales, que año tras año cada uno tiene una misión.
El día del ensayo también es el momento perfecto para hacer las comprobaciones de ruido. "Por mucho que hagamos los controles antes, no sirven de nada porque no hay suficiente ruido. Sin embargo, el día 30 hay casi los mismo decibelios que el 31", asegura a Madridiario López-Terrado. Este año la megafonía se ha revisado y se controlará para que se oiga en toda la plaza. "Los principales puntos de referencia son en la calle de Alcalá y Arenal. Si se escucha ahí, se sentirá en toda la plaza", añadió.
Desde ese primer "ding" hasta el último "dong" hay 36 segundos para tomar las doce uvas (o caramelos el día 30), lo que significa que para cada bocado hay tres segundos. "El respeto hacia todo el mundo es fundamental y si las campanadas no fueran a este ritmo los ancianos y los niños no podrían disfrutar de la tradición", afirma el relojero.




































