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“Lo que queremos conseguir es que sean autónomos y capaces de trabajar. Para ello nos esforzamos día a día, para mejorar su calidad de vida, porque queremos que los discapacitados intelectuales se integren en la sociedad”, explica Pérez. “Para ello adaptamos los programas de las distintas áreas a las características, necesidades e intereses de cada usuario”, añade. Se distinguen seis niveles, diferenciados en función de las capacidades cognitivas y habilidades manipulativas de los usuarios.
El tipo de trabajo para el que se prepara a estos chicos es el de manipulados a mano, como por ejemplo los encartes o ensobrados. Pero no destinan todo el día a este trabajo: también reciben otro tipo de formación. “Aquí no paran de aprender. No solo se desarrollan laboralmente, sino que tienen talleres de informática, manualidades, jardinería, cocina o idiomas. De hecho, cada usuario tiene un horario establecido y cada uno tiene una actividad distinta a cada hora. El único momento en el que coinciden todos es en la hora de la comida, de 13.00 a 14.00 horas. El resto del tiempo cada uno sigue su horario particular”, declara Pérez.
“Las personas del Centro Ocupacional no tienen una nómina como tal, pero sí que les damos algo de dinerillo, aunque sean 20 euros cuando termina el mes. Intentamos dar a cada uno lo que se merece porque, como en todos los sitios, hay algunos que se esfuerzan más que otros, e intentamos ser justos con eso”, declara Pereira.




































