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Ahora, veintiún años después de su inauguración, Evelia ha vuelto a este parque con una de las visitas guiadas a los espacios verdes de la ciudad que ha programado el Ayuntamiento para esta primavera. Así lo relata junto a la estatua de Tierno Galván que preside la plaza de la parta más alta del parque y a la que unos espontáneos le han colado en la mano flores de los arbustos que la decoran.
Detrás de la estatua, enmarcada en una columnata semicircular, se encuentra uno de los miradores del parque. Pueden verse a lo lejos las cúpulas de la ciudad vieja y en un primer término los restos de la gran actividad industrial que albergaba la zona hace unas décadas, como la antigua estación de Delicias, convertida ahora en Museo del Ferrocarril, o una alta chimenea metálica que hace años que no funciona.
Desde la parte baja del jardín también se puede contemplar la estampa que ofrecen Villaverde y Vallecas, con el parque lineal del Manzanares y su Dama esculpida por Manolo Valdés al fondo, y las colinas del Cerro del Tío Pío.
La monitora que guía la visita no sólo explica la historia del lugar y las curiosidades que guarda. También se detiene junto a los árboles para que el grupo aprenda a distinguirlos y espera a que aparezca un pájaro carpintero de entre ellos después de oírlo piar. En el parque de Enrique Tierno Galván las especies vegetales más comunes son las distintas variedades de arces, las olorosas melias, los elegantes tilos, y los plátanos de sombra y sóforas que procuran atrapar la contaminación de las concurridas carreteras lo rodean.





































