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“Javier y yo vendemos lo que nos van donando las distintas empresas que quieren colaborar con nosotros. Los cuatro primeros años estábamos en la calle de López de Hoyos y tuvimos que trasladarnos aquí, al barrio de Vicálvaro, porque se nos quedó pequeño”, declara Amparo Vicente, dependienta.
En la pequeña tienda donde se instala la tienda hay todo tipo de productos, excedentes que distintas empresas donan a la fundación. El mercadillo, situado en la calle del Lago Van, número 6, no es solo una vía alternativa de financiación, sino que además es una plataforma de despegue para un futuro trabajo ordinario de los usuarios del centro, es decir, como una especie de taller de prácticas.
“Aquí vendemos de todo: ropa que nos da El Corte Inglés o Cortefiel, productos de belleza como tintes o cremas de Garnier y Delial, juguetes que nos da Toys R´Us, productos de belleza de The Body Shop, libros de Susaeta o cosas para la casa de Zara Home. Además los vendemos muy baratos, les ponemos precios simbólicos porque a nosotros nos los dan gratis”, explica Vicente.
La idea de crear este mercadillo solidario nació hace siete años. “La sede le López de Hoyos se nos había quedado pequeña y necesitábamos un local más grande. Por otro lado teníamos un sobrante de libros de recetas de cocina de Karlos Arguiñano y no sabíamos qué hacer, porque deshacerse de ellos también costaba dinero. Así que se me ocurrió venderlos para sacar dinero. Empecé a vender a las puertas de la fundación, pero luego fui ampliando mi radio de acción. Al final pensé que gracias a los sobrantes y donativos de las empresas que quisieran colaborar con nosotros, podríamos obtener otra fuente de financiación y así lograr comprar otro local más grande. Y ya ves, es un hecho”, explica Mar Muñoz, responsable del departamento comercial de la Fundación Juan XXIII.
Aunque el rastrillo abre solo por las mañanas, de 10.00 a 14.00, Amparo Vicente y Javier García permanecen en el interior de la tienda hasta las 17.00. “A mí me gusta mucho tratar con la gente, pero el trabajo en la tienda no es solo eso. También hay que recoger, colocar y subir y bajar cosas del almacén. Al final hacemos una jornada laboral completa”, explica García.





































