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La Quinta de la Fuente del Berro es hoy un Jardín Artístico de árboles frondosos, caminos sinuosos y rincones recoletos. Sin embargo, es testigo de al menos cuatro siglos de historia marcados por su famosa agua durante los cuales ha sufrido diversas transformaciones.
De entre todas las fuentes destacaba la del Berro por ser considerada durante mucho tiempo hasta que el entorno se fue urbanizando con la expansión de la ciudad como la de mejor calidad de Madrid. En un primer momento, abastecía los jardines y la huerta de los diferentes dueños de la finca que se fueron sucediendo y también era de uso público.
La fuente recibió atención por parte de Patrimonio Real hasta principios del siglo XX, pero la reducción de la calidad de sus aguas y algunos problemas de contaminación hicieron que el Consejo de Administración del Patrimonio de la República la cediese en 132 al Ayuntamiento al considerar que había perdido su valor. De esta manera, la fuente ya no sería llamada del Rey y volvería a ser de uso común, que es como ha llegado hasta el presente.
Estilo paisajista
Ahora bien, a finales del XIX comienza a resurgir la Quinta de la Fuente del Berro en todo su esplendor. Así, su marcada geometría va desapareciendo y el terreno comienza a ordenarse al estilo paisajista, moda que se impuso en el siglo anterior en Inglaterra y que llegó con un poco de retraso a España.
Años después, en 1948 el Ayuntamiento adquiere la Quinta, que no fue abierta al público hasta mediados de los años cincuenta. Desde ese momento todos los madrileños pueden acceder a uno de los parques con más encanto de la capital.
Recuperar el esplendor




































