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Se les nota en la cara. Cada golpe es un reto; cuando logran superarlo, ríen, saltan, se emocionan. "La gran diferencia entre un discapacitado y alguien que no lo es radica en que ellos valoran mucho más todo lo que hacen", dice María de la Rocha, presidenta de la asociación. "Meter una pelota en la pista es una fiesta para ellos, pero también para los monitores; cuando ellos lo intentan, lo intentamos todos", explica.
María de la Rocha fundó
En aquel entonces, cuando arrancó la asociación, no existía el pádel para discapacitados en España. Hoy, Pádel para Todos cuenta con tres escuelas en Madrid: dos, la infantil y la de adultos, en el polideportivo de Valdebernardo, y otra en Majadahonda. Las primeras fueron posibles gracias a un acuerdo con la Junta Municipal de ese distrito, que además adaptó dos pistas del polideportivo para que pudieran ser utilizadas por discapacitados. Fundación Meridional subvenciona la escuela de adultos y Fundación Barclays, la infantil. La tercera escuela, la de Majadahonda, nació tras la cesión de unas pistas en una urbanización. A pesar de que esta última todavía carece de financiación, ya está en marcha. Entre las tres suman alrededor de cincuenta alumnos.
Aunque comenzaron utilizando material y metodologías adaptados, los alumnos se aburrían. Entonces decidieron lanzarse con raquetas sin adaptar y probar otras metodologías. Todo un éxito: más diversión, nuevos retos. "Hoy, ninguno de nuestros alumnos utiliza material adaptado. Es alucinante ver cómo le pegan algunos: eso, cuando empezaron, era impensable", dice De la Rocha.
El suyo es un proyecto a largo plazo. "En Madrid existe una oferta bastante amplia de deporte para discapacitados, pero normalmente son cursos de varios meses y después se van a su casa. Eso es ponerles la miel en los labios; yo solo tengo 22 alumnos en esta escuela, siempre los mismos, pero no les voy a decir nunca que se acabó. Si dejan de venir, que sea porque ellos así lo han decidido", dice De la Rocha.






































