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Un asistente social les consiguió una plaza en uno de los tres pisos que los Padres Mercedarios gestionan en el barrio de Salamanca.
Pero la labor con los chicos no se limita a ayudarles a conseguir trabajo. Ibrahim, que vivió en uno de estos pisos y ahora es educador del programa, reconoce que "el objetivo de casi todos son los papeles, pero se olvidan de que tienen que aprender el idioma y formarse, y nosotros creemos que la educación es la llave de todo. Tienen que acostumbrarse a la vida española", sostiene.
Desde la puesta en marcha del proyecto, hace veinte años —aunque el convenio con el Ayuntamiento data de 2003—, más de 300 jóvenes han pasado por estos pisos, donde un equipo de diez profesionales y veinte voluntarios les atiende, les proporciona actividades de ocio y formación y les hace un seguimiento de causas penales, cuando las tienen, y de la regularización de su situación. Los plazos de salida "no tienen que ver con edad y plazos, sino con trabajo y papeles", explica Pérez.
Una vez que dejan los pisos, los jóvenes se benefician de un seguimiento especialmente intensivo en el primer año, con la orientación laboral y la renovación de documentos, hasta que pueden tomar las riendas de su propia vida en España. "Pero no sé si me quiero quedar en este país para siempre", apostilla Ridouan, preguntado por sus planes de futuro. "De momento, volveré con un trabajo, y luego ya veremos".




































