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Cautivas, pero contentas, las cuatro parejas de ardillas rojas se buscan y flirtean, animadas por el buen tiempo de este invierno raro. Viven en el centro de cría de la Casa de Campo que la Concejalía de Medio Ambiente puso en marcha en 2003, con un par de parejas. La familia comenzó a crecer a partir del 2005 y este año se esperan con ilusión nuevos alumbramientos en este lugar, en mitad del Encinar de San Pedro de la Casa de Campo, un área protegida que se conserva como una especie de tesoro vegetal.
pareja, auténticos chalés de lujo en cuyo interior crecen encinas por las que correteran estos ejemplares rojizos. Está orgulloso del éxito reproductivo: las dos primeras crías de una pareja, en 2005 y crías de las tres parejas que había en 2006. Ahora, espera que las cuatro familias que viven aquí vuelvan a dar descendencia aunque "nunca podemos saber qué va a pasar porque esto no es una ciencia exacta; trabajar con animales es lento y difícil, aunque luego tiene sus compensaciones", explica.
Este año la espera viene acompañada de una buena noticia y es que será la primera vez que las crías nacidas en cautividad salgan al 'mundo', a un parque madrileño todavía por determinar, explica este biólogo. Todas ellas, un poco consentidas, han de pasar por un periodo de "naturalización" antes de abandonar el 'nido', "es una adaptación al entorno en el que se desenvolverán después" enseñándoles que el agua no siempre se encuentra a la primera, o que el alimento tampoco está a golpe de hocico, como ahora ocurre.
Junto al centro de cría en cautividad hay uno de recuperación de cigüeñas, donde tratan los ejemplares heridos o acogen a los desahuciados. "La mayoría de las que nos llegan acaban siendo libres, aunque a veces su recuperación es lenta". Tras pasar una fase de cuarentena en unas jaulas de llegada, las aves se curan en la carpa de vuelo donde ejercitan sus músculos para acostumbrarlos nuevamente al aleteo. Aunque la cubre una finísima malla, simula perfectamente un ecosistema natural, con un humedal, arboles y plantas autóctonas. En una tercera fase se las deja salir a una zona donde gozan de completa libertad y pueden alzar el vuelo cuando quieren.
La tercera instalación es más divulgativa, preparada para exhibir la vida de algunos insectos. Ingeniosas instalaciones con cristal permiten conocer el ciclo biológico de xilófagos, que devoran un tronco de madera, la forma de vida de las abejas en torno a la reina en su colmena, el movimiento subterráneo de insectos excavadores como el grillotopo, el ejército de hormigas en plena formación o los insectos de la charca, con todas las sorpresas de un espectáculo que difícilmente se puede observar de otra manera. 




































