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Mientras las hojas del calendario caen con rapidez agotando los meses de invierno, las de los árboles se resisten a hacerlo, encantadas de vivir su segunda primavera. Pocas veces los madrileños habrán visto a mediados de enero calles enteras de ejemplares con las copas marrones, pero abarrotadas. Muy pocas habrán podido disfrutar de los rosales del Retiro llenos de flores de colores. En pocas ocasiones los jardineros se han visto obligados a 'ejecutarlas' por la necesidad de la poda. "Ya no deberían estar ahí", se quejan, sintiéndose un poco verdugos.
Sea o no el anuncio de ese gran giro del clima, la mayoría prefiere hablar de este invierno como de una "anécdota" cuyas consecuencias patentes en el paisaje, la flora y la fauna son, por el momento, nada más que un "contratiempo". Santiago Soria, subdirector general de Patrimonio Verde del Ayuntamiento de Madrid, repasa estas extrañezas invernales. "Es cierto que está siendo atípico, y le aseguro que nos está afectando".
"Un año adelantado"
Mientras los embalses aguantan firmes, al 68 por ciento de su capacidad, a pesar de que el cielo no les manda un regalo desde hace un mes. El problema del agua es que no hay nieve en las cumbres y por tanto no habrá reservas. En cuanto empiece a hacer calor bajarán las reservas y, si es así, viviremos un año seco aún peor que el anterior", dice Santiago Soria. Sea como sea, los meteorólogos ya prevén para la semana que se avecina un cambio radical de tendencia. Si el reloj climático se pone las pilas, quizá Madrid llegue a tiempo de sentir los rigores invernales. El cielo tiene la última palabra.




































