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Entre ellos, han destacado Pizca y Tara, dos perritas que abrigadas para la ocasión han recibido la bendición de San Antón "porque ya son mayores y me temo lo peor. Por eso, me he animado a venir aunque tengo que decir que el año pasado también lo hice y todavía me viven las dos", ha declarado Luisa, la dueña de las perras orgullosa de sus mascotas. Igualmente, Pedro, como todos los años, ha traido a su gata Lola "porque ya es una tradición. Vengo siempre que puedo y lo agredezco. Mi gata se lo merece todo". Loros, tortugas, hamsters también han sido bendecidos por el padre Martínez Villar durante esta jornada.
La tercera escena se refiere al cerdo, animal estrechamente ligado a los orígenes de la fiesta, y que se rifaba entre los vecinos después de la celebración del oficio religioso y la bendición de los animales. En España, la fiesta estuvo restringida, e incluso prohibida, entre 1619 y 1725, año en que se reanudó convertida en una romería. Con José Bonaparte se volvió a prohibir y se recuperó en el reinado de Fernando VII. Con Isabel II alcanzó un éxito inusitado y los periódicos de la época narraban los embotellamientos que producían los carruajes de quienes se acercaban al templo y las charangas que la acompañaban.




































