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Está a pocos kilómetros de Santa María de la Alameda, a los pies del futuro Parque Nacional del Guadarrama y rodeado de parajes que aún conservan una pequeña parcela de privacidad. En esta finca rodeada de hermosos robles uno puede aprender a llevar los regalos del campo a la despensa, espiar a los pájaros en su entorno natural, encontrar setas fuera del súper o hacer mermeladas y panes ecológicos o jabón natural.
Hoy están con las manos en la masa, en un taller de harina en el que Juan Carlos se recrea con panes de cereales y harinas ecológicas. Es cocinero y aún conserva su trabajo en algunos programas televisivos de cocina, "hasta que el negocio funcione a buen ritmo", dice. Ha puesto sus conocimientos de gastronomía al servicio del Espíritu del Bosque llevando a la mesa materias primas ecológicas y hortalizas naturales que, cada temporada, crecen en su propia huerta. "Queremos recuperar el atractivo de la naturaleza y dar a conocer los infinitos recursos que tiene para aprovecharlos en los talleres", explica Pamela, que también ha llevado su impronta y sus conocimientos de interiorismo hasta esta casa de pueblo.
Propuestas
Desde los ventanales de esta casa, situada en una empinada ladera, se contempla buena parte del valle de Robledondo y algunas de las siete pedanías de Santa María de la Alameda, más allá de las ramas por las que revolotean los herrerillos y los trepadores, a los que Pamela y Juan Carlos han colocado cajas nido. "Lo siguiente -explican- será arreglar la casa, pintar, darle mejor aspecto e instalar energías renovables". Pero por el momento, tienen bastante con transmitir a sus visitantes el encanto de lo natural: como huele o como sabe un tomate recién cogido, un silencioso paseo por este entorno, la sensación de amasar el pan del almuerzo o el placer de descubrir el color y los sonidos del bosque, donde el espíritu no siempre se esconde.






































